¿Hay pocas revistas?
por Iván Olmedo

Hace unas semanas comencé a escribir un texto para Estación de Nieblas que llevaba por título el mismo que utilizo aquí, aunque sin signos de interrogación. Era bastante revelador, de entrada, y con él daba comienzo a unas reflexiones sobre la escasez de revistas de género actualmente en nuestro mercado. Para no llevarnos a engaños, debo confesar que mi ojo estaba puesto en estas publicaciones desde un punto de vista personal e interesado; me encuentro en plena campaña de búsqueda de sitios donde publicar mis cuentos, ultracortos y poemas, y tomé la realidad de la limitada oferta de cabeceras como algo a resaltar. Pero, ¿es realmente escasa esa oferta?

Tras comentar tema y texto con algunos allegados, un miembro de la vieja guardia, de amplio bagaje y probada confianza, me quitó la venda de los ojos: no solo es que no haya pocas revistas, sino que, de hecho... ¡hay muchísimas! Aquellos que han vivido de cerca e intensamente la época más dorada y belicosa del fandom (entre ellos mi ilustre corregidor) han pasado por penalidades mil hasta llegar a ver, en pleno siglo XXI, una coherente y variada oferta de revistas de género fantástico. Más frikis unas, de quiosco otras, modestas, lujosas, etc... Desde su punto de vista, y con razón (ya no me atrevo a dudar de ello) nunca hemos estado mejor en ese aspecto. Yo, egoístamente, en la ignorancia del que busca inmediatez, calidad y mucho donde escoger, caí en el error de pretender que lo que tenemos ahora mismo es poco.

Estoy mal acostumbrado, solo eso... Los tiempos de Internet que nos ha tocado vivir son una muestra espléndida de que lo que necesita la gente es comunicarse, y tener un medio tan inmediato, fácil de utilizar y adictivo como éste hace que casi todas nuestras expectativas en este sentido se vean colmadas. Y que estemos mal acostumbrados, por cierto. Gracias a la Red las noticias viajan lejos y, lo que es más importante, muy rápido. Cualquiera con una conexión puede estar informado al día de las novedades de nuestro mundillo, los concursos, las próximas apariciones de material y demás temas de interés. Cualquiera puede estar en permanente contacto con sus amigos, conocidos a través de la misma Red o en persona, e incluso con los autores, ya que lo reducido del fandom y la mencionada excelencia de la comunicación virtual lo hacen posible.

Y así, las ideas y proyectos parecen no agotarse nunca... por estos mundos virtuales navegan también las revistas electrónicas o e-zines, que proliferan por una sencilla razón: es relativamente fácil montar una revista virtual, donde el papel, obstáculo económico principalmente, ha desaparecido y la distribución es tan sencilla como que el potencial lector haga un clic. Una vez más, la comodidad y el aprovechamiento inteligente de las posibilidades de la herramienta. Sin embargo, aunque ya nos hemos acostumbrado a los teclados y monitores, los lectores más recalcitrantes venimos de una larga tradición de papel impreso.

Libros, fanzines y revistas han sido de siempre los abrevaderos donde calmar nuestra sed de conocimiento o distracción. Y, por un lado, se nos hace difícil hacer una buena y larga lectura en una pantalla que molesta la vista; y, por otro, echamos de menos en esas ocasiones el componente sensorial que representa sostener unas páginas entre nuestras manos. Los libros se mantienen razonablemente a salvo de la suplantación tecnológica, ya que su formato original continúa siendo el más adecuado a nuestros intereses. Los fanzines y revistas, en cambio, han ido experimentando la anteriormente citada reconversión al formato con más posibilidades de llegar a la mayor cantidad posible de lectores, y sin problemas de distribución. Esto es una ventaja importante frente al papel, qué duda cabe, y por un momento caí en la trampa de pensar que el auge de las revistas electrónicas es netamente perjudicial para las impresas. Es cierto que la aparición de los e-zines ha propiciado un aumento de la creación literaria y crítica. También es cierto que aportan un mayor dinamismo al panorama del género. Pero, mal que nos pese, seguimos teniendo un razonable prejuicio a favor del papel, el soporte durante tantísimo tiempo de los razonamientos verdaderamente importantes y donde las ideas de valor cobraban dimensión propia. Casi todos parecemos coincidir en que el papel es nuestra primera elección a la hora de publicar o disfrutar de un texto; y además continuamos otorgando a una edición en papel (con objetividad o sin ella) una superioridad natural frente a todo lo virtual. En realidad, mis equivocadas ideas respecto a la escasez de revistas, no tenían mayor fundamento si seguimos por la vía de compararlas con lo que hay en Internet. Si separamos ambos soportes, la situación se vuelve más justa para ambos.

Sé que lanzar una revista al mercado puede ser una aventura bastante emocionante, tanto que puede dar con los huesos del osado editor en el suelo. Y que el corte y confección en Internet resulta mucho menos peligroso. Como confesé, el motivo principal de mi idea era egoísta; y la imagen sobre la que quería apoyarme, una esperanzadora que nada tiene que ver con los momentos más flojos del género en España. Por otra parte, como ya se ha comentado muy ampliamente, hay en la actualidad un gran interés por el fantástico y una buena predisposición por parte de autores (noveles o no) y editores (potentes o no) para sacar a flote ese mercado que hace pocos años estaba prácticamente muerto. De ahí que, insisto, un par de revistillas más no desmerecerían los esfuerzos que se están haciendo.

Pero es justo reconocer que equivoqué mis argumentos, aunque mis deseos sigan intactos.

© Iván Olmedo
(1.071 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Blogdemo el 28 de julio de 2005