¿Sueñan los androides con mujeres eléctricas?
por Alfredo Álamo

El tratamiento del sexo en la mayoría de novelas de ciencia ficción, englobando ahí sus más conocidos subgéneros, tales como Space Opera, Hard SF o Cyberpunk, no deja de ser, casi sin excepción, alejado de la realidad, idealizado, poco importante o, en muchos de los casos, inexistente.

Siendo el sexo uno de los motores más importantes del comportamiento humano no deja de resultar extraño el uso que los escritores han dado de él. Resulta cuando menos curioso que un género, la ciencia-ficción, que empieza a tener cierta difusión a partir de los años veinte, no haya sufrido la influencia de los escritores realistas de la época. Quizás el nacimiento de la ciencia-ficción estuvo lastrada por su vertiente juvenil, la idea de que sólo podía interesar a adolescentes deseosos de aventuras.

Al principio, no nos engañemos, la mayor parte de la producción se debatía entre la divulgación y la clásica novela de aventuras. Así es lógico que la idea del sexo, no así la idea del romance, ampliamente tratada, fuera ajustada a la moral generalizada de la época. Si bien en otros ámbitos literarios aparecía Henry Miller y Dorothy Parker, entre otros, en el cine los surrealistas atacaban sin piedad las bases establecidas siguiendo las tendencias pictóricas, e incluso la música sufría la transformación del jazz, la literatura de género permanecía atascada y simplista.

Con la llegada de los años cincuenta aparecen nuevos escritores, alejados, por llamarlo de alguna manera, del mainstream pasado, intentando alejar al género de la novela de aventuras clásica. Sin embargo, la mayoría de las revistas querían todavía ese tipo de ciencia-ficción, y eso es lo que se promovía. De todas formas, las nuevas generaciones de escritores preferían dar rienda suelta a sus propias fantasías sociales, dejando de lado el aspecto sexual de las relaciones humanas. No nos engañemos, eran los años cincuenta y la mujer iba poco más allá de un estereotipo clásico de mujer, esposa, madre y, si terciaba, amante. La visión de la mujer perfecta, hábil, inteligente, poderosa y, en un elevado porcentaje, pelirroja se implanta en el inconsciente colectivo de los escritores.

El papel de la mujer podría ser expresado con dos grandes ejemplos contrarios: por un lado Asimov y, por otro, Heinlein.

El tratamiento de Asimov hacia la mujer es nulo. No es que la menosprecie en sus escritos, simplemente prefiere no utilizar personajes femeninos (con la excepción de la Doctora Calvin, que no presenta más que características masculinas) Así que el sexo en Asimov es, por lógica, anulado completamente. Muy apropiado para el stablishment de la época, que intentaba reprobar conductas liberales.

Heinlein, sin embargo, es uno de los autores de ciencia-ficción que más libremente ha hablado de sexo. Crea sus ideales de mujer perfecta y los hace circular como maniquíes en un escaparate. Pese a su intento de liberación sexual, ver FORASTERO EN TIERRA EXTRAÑA, o JOB, por ejemplo, Heinlein acaba siempre en un punto muerto de relación hombre mujer, perfecta, idealizada y reproductora. Nada de sexo real, sucio y pegajoso. Pese a todo, se podía esperar que en cuarenta años hubiera avanzado la perspectiva sexual.

La llegada de la New Wave, movimiento rupturista en la ciencia-ficción como pocos, auguraba nuevos estilos, mejores personajes y algo de sexo. A mi entender no estuvieron a la altura, dejando a un lado las tendencias de su tiempo sobre la revolución sexual y manteniendo siempre una cierta distancia sobre actitudes, pensamiento y posturas sexuales. Quizás Ballard podría salvarse de las críticas, pero en realidad lo que hace es dar rienda suelta a sus propias, salvajes e interesantes, fantasías sexuales. Aldiss plantea alguno buenos argumentos pero también tropieza con el mismo escollo que la mayoría de sus colegas, el miedo a que su obra quede lejos del alcance de jóvenes y adolescentes.

Con la llegada de los ochenta y el cyberpunk se augura una nueva revolución, truncada, lamentablemente, por el SIDA. La sociedad vuelve a registrar un puritanismo, hipócrita posiblemente, que afecta a todos los medios de comunicación, entre ellos la literatura. No deja de ser curioso que pocas obras cyberpunks traten de manera coherente las relaciones sexuales de sus protagonistas en un mundo tecnológico en el que, si siguen las tendencias actuales, la industria del sexo tendría que formar alguna de las corporaciones más poderosas del mundo. Y sin embargo el sexo queda relegado a una especie de submundo, marginal y poco explorado.

El sexo, entonces, no ha sido tratado, no ya en una profundidad descriptiva que vaya más allá de sueños adolescentes, con sinceridad. Las relaciones no tienen que ser un premio, ni una oportunidad de encontrar a la mujer perfecta. Rara vez pasa así. Existe el sexo oportunista, el desesperado, el anhelado, el consentido, el aburrido, el insatisfecho, el desagradable, etc, etc. Yo no recuerdo haber leído referencias, ni aún lejanas, al sexo oral o a algo tan común como la masturbación. ¿Es tan complicado hablar de esa parte tan importante del ser humano? ¿Cómo pueden ser personajes completos aquellos que eluden una parte tan importante de las motivaciones humanas?

Sin duda el escritor es hijo de su tiempo y de todo lo que ha leído hasta el momento. Nuestra sociedad prefiere dejar el sexo aparcado dentro de casa y hacer mención implícita de él, pero sin entrar en detalles. Eso no sería bonito. Y como escritor me pregunto si somos notarios de nuestra sociedad o si deberíamos utilizar los medios a nuestro alcance para señalar y objetar sobre los tabúes autoimpuestos. Creación literaria no contraria a la variedad del género, claro, pero sí con la suficiente voluntad crítica para decirle al lector nuestra propia visión. Y eso, con personajes capados, resulta demasiado difícil.

Si, falta hablar de Farmer que es el que más se acerca al tema. Pero es una excepción en un mundo casi asexuado.

© Alfredo Álamo
(971 palabras)
Publicado originalmente en El amigo de Frolik 8 el 22 de junio de 2005
CC 2.0