Minotauro: camino del 50 aniversario.
por Ignacio Illarregui Gárate

Acabo de recibir un correo con las novedades de Minotauro para el último trimestre de 2005 y en el texto de presentación me encuentro con la noticia de que la editorial cumplirá en Noviembre su 50 aniversario. Me he quedado planchado al darme cuenta que el sello que siempre identificaré con Paco Porrúa cumple sus bodas de oro (y mira que tenía los datos desde hace años) Es mucho tiempo para una editorial de lo nuestro.

Nunca me ha molestado reconocer que mi deformación como lector rinde cuentas a dos nombres. Por un lado a Alejo Cuervo, que como editor de Martínez Roca desde mediados de los 80 y la publicación años más tarde de la revista Gigamesh (donde cobra singular relevancia el nombre de Julián Díez), me hizo entrar en una ciencia-ficción y fantasía eclécticas donde había mucha aventura, casi siempre contada de puta madre, y gotas de genialidad surgidas de la mano de maestros como Fritz Leiber o Iain M. Banks y obras inconmensurables como 334 o CAMINO DESOLACIÓN.

Y el segundo nombre, el primero en importancia, es Francisco Porrúa y su Minotauro. Primero por la publicación de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, el libro que marcó mi adolescencia, que estuve releyendo una vez al año hasta que cumplí los veinte y que sigo considerando La Novela Épica. Después por agrupar bajo su capa a un grupo de autores que concilibaban una forma de entender la narrativa fantástica en la que el cuidado estilístico no estaba reñido con un componente humano, ideológico, filosófico,... de primera magnitud. Escritores como Ursula K. Le Guin, J. G. Ballard, Gene Wolfe, Olaf Stapledon o John Crowley son los primeros que acuden a mi memoria y hoy en día siguen siendo disfrutados porque este señor no sólo se atrevió a traducirlos sino que, además, los mantuvo siempre en el mercado, reimprimiendo cuando se agotaban tiradas y atesorando stocks cuando no había manera de que se vendiesen. También por su condición de seleccionador de buena parte de la segunda época de la colección Nebulae, otra de mis colecciones de cabecera en la que aparecieron por primera vez en España Joe Haldeman, George R. R. Martin, James Triptee, Jr. o Christopher Priest. Ahí es nada. Y, finalmente, por seguir a rajatabla una filosofía editorial donde la calidad del producto final jamás se ponía en cuestión por ningún plazo de entrega ni ahorro en los costes. Una circunstancia que exasperó a sus incondicionales con continuos retrasos u obras que seguramente ya no veremos aunque estuvieron en la rampa de lanzamiento (caso de DANCERS AT THE END OF TIME, con una traducción que como no convencía al editor se quedó en el limbo a la espera de una nueva)

La Minotauro de ahora, comprada por Planeta a finales del 2001 cuando el gigante de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS la estaba matando de éxito, lleva marcando su propio camino casi cuatro años, con decisiones dignas de ovación como la apuesta por unos autores españoles que por término medio están rayando a buena altura, o ciertos autores que ya venían de la mano de Porrúa como Priest, Wolfe, Ballard, Gibson...; y otras algo más que cuestionables, como el lanzamiento de una colección de terror que no termina de arrancar debido a su alarmante mediocridad o la introducción de determinados autores extranjeros de tercera fila. Pero es inexcusable reconocer lo que le debe a un joven soñador que hace casi cincuenta años juntó un dinero, compró los derechos de CRÓNICAS MARCIANAS, EL HOMBRE ILUSTRADO, CIUDAD y MÁS QUE HUMANO, y los puso en circulación para goce y disfrute de varias generaciones de lectores. Generaciones que nunca podrán agradecerle lo suficiente el cariño, devoción, trabajo e ilusión que dedicó a cada una de las obras que editó y que le han hecho merecedor del nombre que tiene hoy en día en el mundo de la Literatura (hombre, sobre todo por su condición de Editor de Cortázar o CIEN AÑOS DE SOLEDAD, pero el blog está muy escorado hacia lo que se ve)

Va por usted, señor Porrúa. Siempre en mi memoria.

Por cierto, que Minotauro se apunta un tanto y para Noviembre prepara tres libros que definen perfectamente a la editorial de ahora mismo: una edición conmemorativa de CRÓNICAS MARCIANAS, compra obligada por todos aquellos que sienten los colores de la casa; la primera edición en nuestro idioma de los poemas de Tom Bombadil y que, si no me equivoco, es la única obra de Tolkien que faltaba de traducir íntegramente (edición bilingüe); y EL ANACRONÓPETE, de Enrique Gaspar, esa obra de finales del siglo XIX que se adelantó a LA MÁQUINA DEL TIEMPO de Wells en una década (y que, por lo que me han contado, ni de lejos resiste una lectura hoy en día como sí permite la obra del maestro inglés) Además en Barcelona habrá una serie de actos para celebrar la efeméride, incluyendo una exposición y unas jornadas. Como nunca, las fechas vienen fatal para los curritos sin días propios.

© Ignacio Illarregui Gárate
(835 palabras)
Publicado originalmente en Reflexiones de un aburre ovejas el 5 de julio de 2005