El modelo fundacional de Asimov.
por Alfonso Merelo

Cuando se habla de Isaac Asimov, el AUTOR por excelencia de la ciencia-ficción norteamericana, es raro que no se mencione como cumbre de su obra a Las fundaciones. Sin lugar a dudas es su título más conocido y reconocido y el que le ha dado mas prestigio, aunque haya escrito obras mucho más interesantes (su colección de historia, aunque ligeramente tendenciosa, es una obra maestra de la divulgación)

Pero en el terreno de la ciencia ficción está claro que las fundaciones, sobre todo la primera trilogía (FUNDACIÓN, FUNDACIÓN E IMPERIO y SEGUNDA FUNDACIÓN), han ejercido una influencia muy notable en posteriores relatos y también en obras visuales.

Asimov tiene influencias palpables que él mismo reconoce. Es obvio que su Imperio Galáctico está basado fundamentalmente en la caída del Imperio Romano, y que incluso su general Bel Riose es solamente un remedo del último de los prestigiosos generales romanos: Belisario.

Asimov compone un interesante mosaico cultural que sólo es una transposición de lo que conocemos por la historia a un marco mucho mas extendido. Ese escenario, ese teatro galáctico marca una época que influye posteriormente en muchas obras que hasta ahora usan y abusan de lo que escribiera hace casi 50 años el buen doctor.

Una de las cosas mas interesante que Asimov desarrolla es la construcción de un universo totalmente humano. No hay aliens extraños. Son los descendientes de los terrestres los que dominan la galaxia. Hasta ese momento las historias, generalmente, contemplaban la expansión de los humanos y su encuentro con extraterrestres. El arquetipo del encuentro con las otras culturas se desarrollaba cuando ya se habían encontrado en el siglo XIX todas las culturas de la Tierra. Asimov afianza la idea de un universo despoblado, en el cual la vida inteligente ha surgido casi por mera casualidad. Crea, por tanto, una tendencia en la ciencia-ficción, quizás mas racionalista, que opina que el hombre está solo en el Universo. Esa tendencia está presente en muchas otras obras posteriores que pese a que se sitúan en universos en los que el hombre ha dominado el viaje espacial, no ha encontrado otros seres pensantes en su viaje, por contraposición a los otros escenarios en los que los alienígenas han luchado contra él hombre o bien se han convertido en aliados.

Citando algún ejemplo, contemplemos que en DUNE son los humanos los únicos presentes en ese férreo y feudal imperio. Incluso la cofradía de navegantes son seres humanos evolucionados por la especia, drogados hasta las pestañas, en el caso de que las tuvieran. (Los gusanos de la arena no cuentan ya que no son inteligentes). Otro ejemplo de Universos totalmente humanos son el que desarrolla Lois McMaster en su serie Vorkosigan.

El Imperio que Asimov establece posee toda la parafernalia que y conocemos de los imperios del pasado. Es cierto que este imperio es el romano, como ya dijimos, pero no deja de sentar las bases por extrapolación de lo que podría ser un posible imperio galáctico. Esta base está presente en La Guerra de las galaxias de manera inequívoca. La influencia en George Lucas de Las Fundaciones es innegable. Los protagonistas proceden de la periferia y su misión es acabar con el imperio y restablecer una república benévola y un segundo imperio mas democrático en el caso de la Fundación. Es mas, la cuidada planificación del Emperador Palpatine parece directamente inspirada en la de los psicohistoriadores de la Segunda Fundación. Su modo de actuar se concentra en la paciencia y pensando muy a largo plazo. Nuestro Angel Torres, en su ciclo del Orden Estelar, usa la modalidad imperial de Asimov para mostrar su particular caída del imperio. La organización del Orden está pensada para salvaguardar lo que quede del imperio en su caída. En los dos casos se comportan como salvadores de la humanidad. Heredera de estos imperios es la serie Andrómeda. El imperio es ahora la Commonwealt y una vez mas vemos la caída y el ascenso de nuevo desde la barbarie.

Otra de las grandes aportaciones de Asimov en ciclo de las Fundaciónes es la psicohistoria, que, en realidad, sólo consiste en intentar darle un viso de ciencia a la predestinación. Las cosas son así y no pueden ser de otra manera, es la destrucción clara del libre albedrío. Esa predestinación ha sido ampliada y reformulada en algunos casos por otros autores que han tomado la referencia psicohistórica para incluirla en sus novelas. Obviamente la usan Benford, Brin y Bear en sus deconstrucciones de las Fundaciones y Donald Kingsbury en la novela CRISIS EN LA PSICOHISTORIA.

Incluso a nivel de estética la fundación ha influido en el medio cinematográfico. Trantor, el impresionante planeta capital del Imperio lo diseña el autor como una sola ciudad de tamaño planetario. Ese tipo de megaconstrucciones se pueden en películas como EL QUINTO ELEMENTO o en las últimas entregas de la serie Star Wars. El Planeta Coruscant es un remedo de Trantor, aunque éste último esté al aire libre.

Esto que hemos contado es sólo una pequeña muestra de lo que Asimov ha conseguido mostrarnos en los muchos años de fructífera escritura, sobre todo en los cincuenta y sesenta, la que es, a mi parecer, su mejor etapa productiva (incluyendo por supuesto su Historia Universal Asimov). Su estilo de narrar historias, no excesivamente académico y preciosista pero si dinámico y efectivo, ha influido notablemente en muchos escritores posteriores. Los cuentos y relatos de muchos de nuestros contemporáneos se nutren de la inventiva y del estilo del viejo e imaginativo autor. Su modo de contar, su imaginación y sus grandes logros imaginativos sirven aún de inspiración para muchos.

Quedan muchas más cosas que Asimov nos ha legado, sus robots por ejemplo, pero esto será cosa de otro día. Quede esta breve glosa como homenaje al que, criticado por muchos y alabado por otros tantos, nos ha dado momentos de intensa alegría en la lectura.

© Alfonso Merelo
(980 palabras)