España, no apartes de mi la ciencia-ficción.
por Daniel Salvo

XIV

¡Cuídate, España...!
¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
[...]
César Vallejo
España, aparta de mí este cáliz
1937

A decir verdad, solamente quería tomar dos o tres versos del gran poema de César Vallejo, pero me gustó tanto que preferí transcribirlo completo, para solaz de los lectores. No solo de ciencia-ficción se vive. Aunque sin ella, algunos podríamos morir.

Sin embargo, es sobre ciencia-ficción de lo que trata esta página web. De lo que se proyecta, escribe y publica. Aunque, hoy por hoy, es cada vez más difícil hablar de lo que se publica en el género. ¿Qué, no hay ciencia-ficción en el Perú? Bueno, si, pero… Voy a volverme pedante y haré un repaso de la historia. Pongan atención, a la versión acaso falaz de este escriba.

En los años 60 del siglo XX, en Perú, si uno compraba un libro de la editorial EDHASA, podía leer en su última página un listado de distribuidores acreditados en distintos países de Hispanoamérica. Y aunque usted no lo crea, uno de esos países (que no eran todos) era Perú. Más increíble aún, no figuraban países que hoy en día se consideran como más productivos en materia editorial.

Hago mención expresa a la editorial EDHASA, por que el libro de donde saqué la información era un volumen de su colección Nebulae, LAS ARENAS DE MARTE de Arthur C. Clarke. De la antigua, por si acaso.

¿A dónde quiero llegar? Pues a un lugar común: hubo una época en la cual los libros circulaban con más fluidez que ahora en nuestro país. Incluso los de ciencia-ficción. Libros que se imprimían en España. Al igual que los de Bruguera, Martínez Roca, Adiax y otras editoriales, no era tan raro verlos en las estanterías de las, en ese entonces, relativamente abundantes librerías de Lima y provincias (no señor, no hay error de tipeo, puse Lima y provincias)

Siguiendo pues con el Perú, comparemos la situación de ese entonces con lo que ocurre en la actualidad. La técnica permite mejores ediciones, se acabó la censura (eso creo), existe libertad de mercado, disminuyó la tasa de analfabetismo, aumentó la población urbana… pero hay menos lectores. Y en lo que respecta a la ciencia-ficción, terror y fantasía, es más abundante la oferta de libros de segunda mano que la oferta de ediciones actuales. Parece lógico, pero para el aficionado al género, el panorama es desolador: incluso las librerías que cuentan con estantes rotulados con las palabras Ciencia-ficción están migrando a Cómic o Misceláneos. Si es que no los eliminan, como hizo Ibero.

¿Cuál puede ser la causa, o las causas? Falta de oferta no puede ser, pues en casi todos los sitios web sobre ciencia-ficción en español se menciona el boom de traducciones, reediciones y premios de novelas y cuentos del género. No hay mes en el cual Minotauro, Gigamesh, Bibliópolis y otras casas editoriales no tengan novedades (y las anuncian, los muy…)

¿Y por qué toda esa producción, ese boom, no llega al Perú? ¿Por qué ya no se ven las últimas novedades de Minotauro, por que nunca hemos visto NADA de lo editado por Gigamesh o Bibliópolis en las librerías del país?

Ahora escribiré como lector consumidor. Y es que, siendo sincero, si viera una estantería surtida con cinco volúmenes de cada una de las editoriales mencionadas, es decir, quince novedades, pues compraría… la más barata. Y de repente ni eso. Por que lo poco que llega, sin mencionar nombres, viene con precios que parecen de ciencia-ficción (de terror, más bien) Hace unos meses, me escandalicé con un libro cuyo costo era 70 soles. Ahora me arrepiento de no haberlo adquirirlo, pues algunas de las novedades que llegaron después cuestan más de 100 soles…

Es obvio: los precios se han incrementado. Se puede aducir razones de mercado, como son el alza de costos por la traducción (¿y cuando el autor es hispanohablante?), transporte, estudios de mercados, riesgo país, marketing… lo que sea. También está el hecho incontrastable de que los precios de los productos europeos se expresan en el fortísimo euro, y no en dólares o pesetas, lo cual sería más conveniente para nuestros importadores. Pero lo curioso del caso es que estas razones SOLO ENCARECEN LOS LIBROS DE CIENCIA FICCION. Uno puede comprar libros de literatura mainstream a precios significativamente menores que los del género. Hagan la prueba, dense una vuelta por Crisol o Contracultura: los pocos libros de ciencia-ficción que hay tienen precios que oscilan entre los 70 y los 100 soles, y a veces más. Si usted, lector, ahorra 50 soles para comprarse un libro a fin de mes, estoy seguro que ese libro no será de ciencia-ficción. Puede adquirir, eso si, la recomendable novela LAS ASOMBROSAS AVENTURAS DE KAVALIER Y KLAY, de Michael Chabon, al asombroso precio de 40 soles.

¿Entonces, de que boom de la ciencia-ficción podemos hablar los peruanos?

Ahí entramos en el peligroso terreno de la subjetividad. No quiero caer en el facilismo de decir que los empresarios son unos angurrientos que, al haber descubierto que existe un sector de lectores dispuesto a pagar lo que sea por sus libros favoritos (de ciencia-ficción, fantasía y terror), les pone los precios que les da la gana por que, total, siempre habrá quien les compre.

Los peruanos también queremos leer ciencia-ficción, fantasía y terror, esos libros cuyas tentadoras reseñas se publican en muchas páginas web. Pero la gran mayoría de peruanos somos pobres, pues. Y brutos también, pero eso es otra historia. Aquí si se cumple eso de precios europeos, salarios africanos, a pesar del chorreo que triunfalmente pregona el gobierno. Triste es decirlo, pero no todos tenemos el nivel adquisitivo suficiente para comprar libros de ciencia-ficción a los precios actuales. ¿Qué, no promulgaron la Ley del Libro y su Reglamento? Si, y ya va como año y medio desde entonces, y no pasa nada. Se ve que la solución no estaba por ahí.

¿Cuál sería la solución? Voy a volverme un tanto ingenuo, y referirles la siguiente historia: hace unos años, en Perú hubo una crisis económica espantosa. Las empresas quebraban. Los precios se dispararon a la estratósfera. Entre ellos, los precios de las bebidas gaseosas. Una botella de poco más de un cuarto de libro de Coca-Cola llegó a costar 2 soles, al igual que las demás gaseosas. Cualquiera diría que todas las empresas se habían puesto de acuerdo en el precio (pero los empresarios son incapaces de esas cosas, ellos están a favor del libre mercado) Y llegó lo inevitable: una de las empresas (¿la que no pertenecía al cartel?) llegó al borde de la quiebra (¿o quebró?) Su bebida, la Kola Inglesa, de empalagoso sabor a fresa, era la menos consumida por el público, con ese precio de 2 soles por botella. A fin de reducir las pérdidas y darles alguna liquidación a sus trabajadores, decidieron rematar su producción. La Kola Inglesa bajó pues de 2 soles a 0.50 céntimos de sol. Y ocurrió lo impensable. Del borde de la quiebra (o de la quiebra), Kola Inglesa se convirtió en la bebida líder de ventas de esa temporada. La gente (yo también) se apiñaba alrededor de las carretillas donde se vendían las gaseosas (estaban de remate, pues) La empresa volvió a ser rentable, al punto que hasta ahora sigue existiendo. No solo eso, las demás bebidas tuvieron que bajar sus precios, lo cual a su vez les permitió volver a tener ganancias. Por una vez funcionó eso de la oferta y la demanda: bastó que un producto bajara sus precios al nivel del poder adquisitivo de los consumidores (aunque ese no era el objetivo), para convertirse en un éxito de ventas, salvar una empresa, mitigar la sed del consumidor y corregir el mercado. El público volvió a consumir gaseosas, y ahora todas tienen su espacio.

¿Qué, acaso estoy sugiriendo a las editorialos que bajen sus precios para que tengan mayores ventas? Bueno, si. La verdad no se me ocurre otra cosa. Si funcionó para una gaseosa, puede funcionar para los libros. A menos que ya tengan un mercado cautivo (nunca mejor empleado el término) y en el fondo no les interese vender más allá de la península. Si es así, pues que les aproveche.

Para finalizar, quiero dejar en claro que la constante referencia a España en este editorial se debe a que, simplemente, la mayoría de libros que leemos los peruanos se importan de ahí. Hablar de libros de ciencia-ficción viene a ser lo mismo que hablar de libros publicados en España. Compramos libros españoles. Y si en la propia España muchos españoles consideran que los precios de los libros de ciencia-ficción son elevados, pues…

Parafraseando a César Vallejo: cuidate España, de tu propia España...

© Daniel Salvo
(1.450 palabras)
Publicado originalmente en Ciencia Ficción Perú el 1 de 1937