La ciencia-ficción de alta confección y las trampas de la memoria
por Dixon Acosta

La única manera de viajar en el tiempo, hasta el momento inventada y comprobada, es el recuerdo. Por ello desando algunos pasos y regreso unos meses atrás, para hablar precisamente sobre la memoria, sus encantos y trampas. De los numerosos balances que puedan hacerse del año 2004, por lo menos en materia de ciencia-ficción y cinematografía, podría decirse que gracias a una película, el género regresó a las altas cimas de la estética y el intelecto.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, verso de un poema, que ya de por sí, delata la naturaleza de la obra cinematográfica. Una cinta que se basa en imágenes, en metáforas desarrolladas en los rincones de la memoria. A medida que se envejece, uno tiene conciencia que va perdiendo los recuerdos, y se envejece desde el nacimiento, por ejemplo en mi adolescencia retaba a mis compañeros de clase a rememorar el primer recuerdo, nadie podía rescatar un acontecimiento después de los dos o tres años de edad, algunos incluso sólo detallaban fragmentos de sus primeros diez años, como si fueran escenas de una película cada vez más borrosa. Seguramente en alguna parte de nuestra mente o conciencia, están archivados todos los acontecimientos de la existencia, pero por alguna razón, no todos se recuerdan. A veces el rostro de parientes o personas cercanas, son difíciles de recrear, lo cual resulta dramático casi aterrador. Por eso volvamos a la película, cuyo título largo y bello, intento memorizar, ETERNAL SUNSHINE OF THE SPOTLESS MIND (¡OLVÍDATE DE MÍ!)

¿Puede existir un actor más dramático que un cómico? Quienes alguna vez criticamos como payaso exagerado a Jim Carrey por sus salidas en falso del detective Ace Ventura, ahora tenemos que quitarnos el sombrero y hacer una venia. Sin duda, el actor de origen canadiense debe estar agradecido al género de la fantasía y la especulación científica, pues allí ha podido demostrar sus dotes histriónicas, incluso desde la primigenia LA MÁSCARA, pero sobre todo en los últimos años con cintas como THE MAJESTIC (DOBLE IDENTIDAD), BRUCE ALMIGHTY (CÓMO DIOS), alcanzando el máximo nivel en dos obras inteligentes de ciencia-ficción THE TRUMAN SHOW y la película que hoy nos desvela y que ya se ganó un lugar entre las mejores del género.

El filme más que ofrecer respuestas, genera muchas preguntas, lo cual se agradece. Realmente inquieta si llegara a inventarse un dispositivo como el que patenta ese médico que trabaja casi en el anonimato, como un técnico de computadores, en un consultorio que parece un pequeño taller, con apenas tres empleados, levantándose él mismo a revisar los daños de su creación a media noche. Cada espectador formulará sus preguntas, yo tengo, al menos dos interrogantes.

¿Qué pasaría si no tuviéramos recuerdos?

¿Acaso sólo los recuerdos tristes, son los que más rememoramos y por ello la necesidad de borrarlos?

Al final, una reflexión. Si la sociedad decide eliminar recuerdos tristes y las personas ingenuamente piensan que han vivido siempre cosas alegres, como decía Bolívar, están condenadas irremediablemente a repetir sus errores. De hecho, nuestros pueblos, a pesar de no tener la dichosa máquina, son probos en el arte de fingir, susceptibles a sufrir la enfermedad del olvido que García Márquez describió en CIEN AÑOS DE SOLEDAD. No quisiera imaginarme si existiera aquel artefacto. No quisiera..No quis..No...N.

© Dixon Acosta
(551 palabras)