Ese síndrome
por Iván Olmedo

He estado escribiendo estas semanas pasadas un buen puñado de microrrelatos a la vez que me leía los cuentos fantásticos/fantásticos cuentos de Neil Gaiman, los que, en cierto modo, han sido bastante reveladores para mí. Ahora mismo estoy escuchando un disco estupendo de (sí, lo siento por los detractores del heavy y los amantes exclusivos de las modas) Iron Maiden, ni más ni menos que el Brave New World, con temas tan sugerentes como The wicker man, Ghost of the navigator o Out of the silent planet... y me parece un buen complemento para el tema que quería tratar.

He estado debatiendo con personas que merecen mi plena confianza en estos aspectos, sobre la creación, la creatividad y todas esas zarandajas. No ya sobre el proceso creativo (algo de lo que se habla bastante habitualmente y puede llegar hasta a cansar un poco) sino sobre los motivos para escribir. Quien dice escribir dice dibujar, esculpir o pintar... crear ficciónes, en todo caso, la faceta más notable del ser humano como ser y como humano, a mi entender. Cuentos, novelas, películas, partituras, dibujos, danzas, esculturas, microrrelatos, historietas, fotografías, folletines, teleseries, collages, operas, teatro, pinturas, canciones, radio... me dejo tanto... ilusionismo, arquitectura... el ser humano es un animal fantástico con una cualidad maravillosa, qué duda cabe: inventarse historias y ofrecerlas de alguna forma a sus semejantes. Un dibujo es una historia; una opera es una historia, una canción, un diseño publicitario... El ser humano es un cuentista nato. El que come una y cuenta veinte, el pescador que se lleva la trucha más grande, el que más copas aguanta en una noche de farra, el de los atributos sexagerados, mi padre tiene más dinero que el tuyo, a ese de la tele lo conozco yo, aquellas vacaciones sí que fueron bestiales, eran por lo menos siete contra mí... Cuentos. No hace falta escribirlos, están por todas partes. Sin embargo, a veces sí que hace falta escribir algunos y ahí es donde entramos en la materia. Si ya ni siquiera sé qué es lo que impulsa a cualquier persona a mentir (perdón, a inventarse historias), ¿cómo dilucidar qué es lo que nos impulsa a dejarlas patentes en un soporte, o a darles un formato más concreto? Supongo que existe una enfermedad, que es la de la fama y el dinero, la que hace creer a muchos, demasiados, que ser un artista es un fin en sí mismo; portadas, billetes y nombre. Afortunadamente sigue habiendo muchas otras personas a las que no les interesa especialmente el fin, sino el camino hasta llegar a él. Y eso es lo importante. Porque los cuentos están en el aire, enredándose entre las copas de los árboles de las ciudades atestadas. Están en un comentario casual e intrascendente de los comensales de la mesa de al lado. Están en la soledad de la carretera a altas horas de la madrugada, después del agotamiento de la última salida nocturna. Están en los gestos irreales de un niño, o a la entrada de la iglesia mientras unos perros se aparean en medio de la plaza. Los cuentos, que todavía no lo son, están en los trenes de cercanías, esperando; están en una postal vieja y amarilleada de Córdoba, y también en la mirada perdida de un yonqui en el parque del pueblo, durante las fiestas. Y si miras al cielo, aunque sólo veas las nubes algodonosas como de Matt Groening o la negrura salpicada de blanco, seguro que hay más historias. En definitiva, están por todas partes. Hay que saber cazarlas al vuelo, en todo caso, y llevarlas a nuestro terreno. Y a eso se llama Crear. Lo cual, como vemos, no es del todo cierto. Nosotros no creamos nada. Todo está creado. Sólo hay que encontrarlo y saber qué hacer con ello. He discutido, con las personas no mencionadas antes, sobre el talento necesario para hacer esto. Si es un talento, es uno que todos tenemos. Pero, aunque sea imposible de cuantificar, para mí es evidente que no todos tenemos los mismos talentos ni somos capaces de reunir los elementos que están a nuestro alcance y empaquetarlos de una manera convincente.

¿Y yo? ¿Por qué escribo? Ni idea... ¿Por qué leo tebeos? ¿por qué me gusta el café? ¿por qué colecciono almanaques de bolsillo? Ni idea... quizás lo hago (lo de escribir, no lo del café...) porque se me ocurren modos extraños de relacionar las cosas, y en eso se basa todo.

No sé si la vida es Sueño, pero es puro cuento. A todas horas y en todas partes.

© Iván Olmedo
(931 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Blogdemo el 7 de mayo de 2005
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