6 de abril de 2005
por Jacinto Muñoz

Al comenzar la jornada a veces miro el calendario. Es casi un ritual, un situarse, estudiar las coordenadas y marcar el rumbo del navío.

    -Oficial de derrota, cual es nuestra posición.
    -6 de abril de 2005, señor
    -Gracias, establezca nuevo rumbo a 7 de abril del mismo año

No se si este tonto comienzo deja traslucir el hecho de que ando liado con las andanzas de Aubrey y Maturin (excelente serie, por cierto), en cualquier caso no es mi intención adentrarme en divagaciones sobre el tempus fugit ni el como se pasa la vida, como se viene la muerte, tan callando (esto del latín y los clásicos siempre queda erudito) No, lo que quería es hablar de otra cosa. Supongo que también tiene que ver con haber rebasado ya los cuarenta, el caso es que esta mañana la fecha me ha parecido de ciencia-ficción. Piénsenlo: 6 de abril de 2005. ¿No les suena a novela de ciencia-ficción? Sobre todo a los que ya leían relatos de marcianos allá por los 70 o mucho antes. ¡Cuántas de esas historias transcurrían en fechas cercanas e incluso anteriores a la presente! En aquellos lejanos días, además de algunas guerras calientes, la guerra fría provocó dos conocidos fenómenos: una vertiginosa carrera espacial, y la proliferación de misiles nucleares apuntando al contrario para disuadirle de veleidosas ambiciones expansionistas. Cohetes y satélites artificiales giraban sin cesar en torno a los sorprendidos terrícolas, el hombre llegó a la luna y la venta de chalet adosados con garaje y refugio nuclear, encontraban numerosos clientes en el occidente rico.

El siglo XXI se imaginaba repleto de naves espaciales, arrasado por la tercera guerra mundial o contaminado hasta obligarnos a usar escafandras. Pero ya ven, 6 de abril de 2005, los coches no vuelan y siguen chupando petróleo (que por cierto es una de las cosas que debían haberse agotado ya), el hombre no ha vuelto a pisar la luna, nada de misiones tripuladas a Júpiter (malamente hemos enviado alguna sonda), gracias a dios la amenaza nuclear casi ha desaparecido y todavía respiramos a pleno pulmón el contaminado aire de nuestras ciudades.

Parece que la capacidad anticipadora de la literatura de anticipación ha fracasado estrepitosamente, incluso se le escapó la gran revolución de nuestro siglo, la informática y la red de redes (es significativo ver los diseños de superordenadores que aparecen en películas como LA GUERRA DE LAS GALAXIAS o 2001) aunque eso sí, le ha sacado partido con todo un subgénero en cuanto se comenzó a vislumbrar lo que era Internet.

Alguna obra se salvará, ya saben aquello de la excepción y la regla, pero en general se ha limitado a especular con tecnologías y situaciones sociales existentes magnificándolas y proyectándolas en un futuro mas o menos cercano. Lo malo es que el futuro de que hablaba la época dorada del género va llegando y la ciencia ha traicionado nuestras ilusiones.

Se acabó el tiempo de los grandes inventos y las grandes fórmulas explicadoras, la última frontera sigue muy lejos y parece que los únicos universos a explorar son los virtuales. Quizá por eso la mirada de los lectores busca los necesarios mundos maravillosos en la magia y las novelas de fantasía y espada ganan cada día mas lectores frente a la especulación científica clásica.

© Jacinto Muñoz
(524 palabras)