A ventana cerrada
por Fran Ontanaya

Vale, de acuerdo. Para los que están metidos en el fenómeno, en el mundo de la ciencia ficción, este es un tema rancio. Y se ha escrito acerca de él más que del sexo de los ángeles. Y, por cierto, ahí está el fandom[*] todavía, viendo pasar el tiempo. Para los que lo ven desde fuera, como quien pasa por una residencia privada y atisba algo del interior a través de la ventana, quizá resulte curioso y raro como el perro verde. A los que nos pilla en medio, en todo caso, nos indica con firmeza marcial el camino hacia el sanatorio.

Lo que me da pie a escribir este artículo es que, dentro de las listas populares de obras de ciencia-ficción, no suelen figurar las obras escritas por autores reconocidos pero no habituales del género, los P. D. James (HIJOS DE HOMBRES), Kurt Vonnegut (MATADERO 5), Italo Calvino, Terry Carr (CIRQUE), etc.

No hay que ser un genio para entender las razones de este cisma. A causa de su propio reconocimiento, esos autores son publicados por las grandes casas y vendidos al tipo de lector medio que, independientemente de sus gustos particulares, suele seleccionar y comprar entre las grandes novedades, es decir, las obras que se venden en cualquier librería no especializada.

El lector de ciencia-ficción, sin embargo, es bastante selectivo y, respecto a la adquisición de libros, su atención se centra en las colecciones y en las editoriales de género y acude normalmente a librerías especializadas. En pocas palabras, pasa olímpicamente de la sección de novedades del Fnac (menos de la esquinita donde encuentra los últimos de La Factoría, Gigamesh, Timun mas, etc.) Cualquier obra publicada fuera de este ámbito cae más allá de los límites de su campo de visión.

Por otra parte, las editoriales de género, que conocen el tipo de lector al que se dirigen, recurren (obviamente) a nombres conocidos dentro de la ciencia-ficción, es decir, autores con cierta trayectoria y algo de popularidad entre el mundillo, aunque su calidad diste bastante de los canones. Esto, a su vez, cierra otra puerta a los autores que pueden venir de fuera.

Pero la situación es peor aún (mucho, mucho peor), si se ve desde el otro lado. Si hubiese que describir el fandom como parte de una geografía de la información, quizá se podría ilustrar como una isla conectada con el resto de continentes sólo por algún osado velero, esos Bradbury, Orwell y Dick y sus correspondientes lectores que se permiten navegar entre ambas costas. Si lo que ocurre fuera no importa mucho dentro del fandom, periodísticamente nada de lo que ocurre dentro tiene repercusión en el resto del mundo literario. Y eso sí que es trágico.

Tampoco esta vez hace falta calentarse la cabeza, ni montarse teorías sofisticadas. Si, como decía antes, los autores reconocidos, y mediáticos, quedan fuera del género cuando escriben ciencia-ficción, los medios, y el reconocimiento que proporcionan, se quedan fuera también. ¿Qué interés va a tener un periodista, o un crítico, en meterse en una finca cercada donde sólo hay un ambiente huraño y nada relevante que contar? Y esa es quizá la raiz más gruesa del problema: sin presencia en los medios, sin una ventana abierta al resto del mundo, el aire en el interior se vicia, se vuelve rancio y de mala calidad.

Ojalá los Sturgeon, Simak, Stapledon, Pohl, Ballard, Willis se publicaran en una misma colección junto a los autores reseñados arriba. Ojalá, también, se secuestrara a esos autores con prestigio metiéndolos (e implicándolos) en la actualidad y la vida diaria de la ciencia-ficción, como literatura, como foro de opinión, como medio de reflexión a nivel personal y global.

No es tan difícil imaginarlo. Pero no servirá de nada esperar a que llueva el café en el campo: no hay ni habrá un único velero que arrastre la isla entera, menos aún si ésta está anclada para seguir en el mismo lugar. Sé que las editoriales del género no van a cambiar mucho de política; ni es fácil conseguir los derechos de autores reconocidos ni es cómodo enfrentarse al gran público con una estructura hecha para un pequeño público. También sé que las grandes casas no tendrán mucho interés. ¿Por qué desperdiciar obras de buenos autores metiéndolas en una colección de ciencia-ficción?

Así pues, la reforma parece tan necesaria como improbable. Sólo me queda encogerme de hombros y seguir pensando que, a falta de algo mejor, los que vivimos en la frontera nos podemos resignar a mantener una doble identidad, como Clarke y Supermán o, más bien, como Iain Banks e Iain M. Banks. Eso, y la débil, famélica esperanza de que lectores, editores, autores, críticos de ciencia-ficción se esfuercen algún día por abrir sus ventanas y dejar que, a través de ellas, se intercambien los distintos aires.

Termino de escribir esto, casualmente escuchando Dream a little dream of me, imaginándome que gente de dentro y de fuera de la ciencia-ficción pudieran reunirse en un mismo club y charlar de los mismos libros. Que tampoco es tan difícil. En serio.

[*] El fandom es el conjunto de aficionados o seguidores más interesados y activos (en este caso, de la ciencia ficción), así como sus medios de expresión (fanzines, páginas en la red, listas de correo, etc.), y sus eventos (quedadas, convenciones, etc.)

© Fran Ontanaya
(891 palabras)
Publicado originalmente en Las Crónicas del Tecnomante el 22 de marzo de 2005