Dune (1963)
por Daniel Genís Mas

En 1964 el periodista y fotógrafo Frank Herbert publica el relato corto MUNDO DE DUNAS. Poco después aparece, aprovechando su éxito, EL PROFETA DE DUNE. De la fusión de estos relatos saldrá, un año más tarde, una de las historias de ciencia-ficción más impresionantes y complejas que se han escrito nunca: DUNE, crónica del planeta Arrakis y de su profeta Muad'Dib. Inmediatamente, el libro causa una fuerte conmoción y, el mismo año, es galardonado con los prestigiosos premios Hugo y Nebula, a parte del Premio Internacional de Fantasia, ex aequo con EL SEÑOR DE LAS MOSCAS, de William Golding. Como consecuencia de este éxito, Herbert despacha cinco partes más de la historia, con suerte desigual: EL MESÍAS DE DUNE (1967), HIJOS DE DUNE (1969), DIOS EMPERADOR DE DUNE (1971), HEREJES DE DUNE (1974) y CASA CAPITULAR: DUNE (1976)

El resultado es una obra épica de dimensiones auténticamente colosales, comparable a muy pocas otras novelas. Tal vez únicamente el ciclo de historias que Asimov dedicó a la FUNDACIÓN y (siguiendo el parecer de Arthur C. Clark) EL SEÑOR DE LOS ANILLOS de Tolkien, darían una impresión aproximada de la magnitud de los acontecimientos que podemos encontrar narrados en DUNE. Y es que podemos afirmar que Herbert, al igual que Asimov y Tolkien, consigue dar a su relato la verosimilitud de las crónicas históricas. DUNE es, como las propias historias de amor y de guerra que canta el poeta-soldado Gurney Halleck, un auténtico cantar de gesta. Pero Herbert, a diferencia de otros autores de ciencia-ficción (como el propio Asimov), no nos habla de un futuro robotizado, tecnificado y controlado por nuestros avances tecnológicos. En el futuro de Herbert la evolución ha ido por otros senderos: tras la Jihad Butleriana (la rebelión que acabó con la tiranía de las máquinas) la fabricación de ingenios mecánicos está muy restringida; no en vano en la Biblia Católica Naranja leemos: No construirás una máquina a semejanza de la mente del hombre. Si en este futuro que nos propone Herbert la evolución no ha sido, pues, tecnológica, sí que ha existido, en cambio, una evolución mental, representada sobretodo por la figura mística de las brujas Bene Gesserit y la profecía del Kwisatz Haderach.

En realidad la historia de DUNE es muchas historias en una sola. Es la historia de Paul Atreides y su viaje iniciático desde su planeta natal, Caladan (un lugar hermoso y con grandes océanos y tormentas) hasta Arrakis (el terrible planeta desierto conocido como Dune) Arrakis es el único lugar de la galaxia donde se produce la especie, el combustible del futuro, el preciado mineral de efectos geriátricos que tanto anhela la Cofradía de Navegantes, pues es la única manera de realizar los viajes interplanetarios. Quien controle Arrakis, pues, controlará la especie y, a su vez, la economía de la galaxia (una metáfora muy clara de la situación en el Oriente Próximo) DUNE es, también, la historia de Paul Muad'Dib, la versión futurista de Lawrence de Arabia, el valeroso extranjero que consiguió erigirse en el cabecilla del pueblo Fremen (los misteriosos nómadas del desierto de Arrakis) y alzarlos contra la opresión de los Harkonnen y el emperador Shadan IV. Y DUNE es, aún, la historia del Lisan al-Gaib, la Voz del Otro Mundo, el líder místico que, en la superstición arrakena, deberá conducir a los Fremen, convertidos en hordas fanáticas de guerreros suicidas, hasta el paraíso después de la jihad. DUNE es, en definitiva, la historia de un niño, Paul, hasta que se convierte en un dios, el Kwisatz Haderach.

Consideraciones místicas o filosóficas a parte, DUNE representa también una tentativa muy primeriza para discutir acerca de sostenibilidad y ecología. Herbert, que a medida que pasaban los años iba sintiéndose más y más preocupado por el estudio de la ecología y las energías alternativas (como lo demuestran sus numerosos artículos y libros sobre el tema), decide situar la acción de su novela en un planeta desierto donde no cae nunca una gota de agua, como en los desiertos de Arabia. Esto ha conducido a los Fremen (como a los tuaregs de Mauritania) a considerar el agua el bien más preciado de todos: El agua es el inicio de toda vida, reza el kalima 467. Así entonces, no resulta extraño que una de las manifestaciones de dolor más sentidas sea aquella mediante la cual, en los rituales Fremen, se vierte la propia agua corporal en la acción del llanto.

DUNE es, en síntesis, un escenario radical: a la tiránica opresión de los Harkonnen debe sumarse la hostilidad del medio (Dios creó Arrakis para probar a los fieles, dice apropiadamente un aforismo fremen) Es lógico, entonces, que en un escenario desolador como este la única esperanza que haya sea la de la venida de un Mesías salvador, el Lisan al-Gaib (recordemos que fue precisamente bajo la opresión del ejército romano, en las dunas del desierto de Palestina, donde se desarrolló el movimiento mesiánico más importante de nuestro mundo) El universo de Frank Herbert no está tan alejado del nuestro. DUNE es, en muchos aspectos, nuestra propia historia, o para decirlo a la manera de los mantras, DUNE son historias dentro de historias de las historias de las historias...

© Daniel Genís Mas
(869 palabras)
Publicado originalmente en catalán en la revista Mira'm en diciembre de 2004