Especial Octavo Aniversario
Increíbles títulos mutantes
Especial Octavo Aniversario
por Iván Olmedo

Para gran fortuna nuestra, y como se ha hecho notorio de un tiempo a esta parte, el género fantástico experimenta una revitalización muy interesante en nuestro país, sobre todo palpable en su anteriormente muy abandonada vertiente literaria. Editores modestos pero voluntariosos surgen por doquier; Internet une y proyecta los anhelos de los aficionados; y nuevos autores intentan hacerse un hueco al abrigo de la esperanzadora situación. Este tono general de optimismo extiende además sus alas y tiene otros efectos secundarios que van un poquito más allá... los efectos a los que me refiero afectan directamente al pasado. Autores prácticamente olvidados ven cómo antiguas obras suyas emergen de nuevo a la luz (o se vuelve a hablar de ellas) y, por qué no, cómo se materializa la posibilidad de que también alcancen esa luz títulos inéditos recientemente horneados. Una segunda juventud creadora, por así decirlo.

Igualmente, asistimos a la recuperación desde las catacumbas de la memoria de una gran cantidad de producciones ya olvidadas que, al menos desde un empeño con ciertas ínfulas arqueológicas, son expuestas a los ojos de las generaciones presentes. Me refiero, evidentemente, a los inefables bolsilibros, también llamados novelas de a duro. Este tipo de literatura popular, vividos sus momentos dorados en las décadas de los 50, 60 y 70, palideció, enmudeció y acabó por fenecer ahogada quizás por las nuevas propuestas de ocio y las mayores aspiraciones literarias de los lectores. Ya olvidadas hoy día, el afán reivindicativo hace que, al menos, intentemos dar fe de su existencia, no vaya a ser que se nos pase por alto el hecho de que en este país existió una muy floreciente industria de pulp patrio. A las características generales de estas producciones (argumentos inverosímiles, diálogos impagables, mucha acción, erotismo chusco metido con calzador) hay que añadir y resaltar uno fundamental: el innegable sentido del humor, ejemplificado por la falta total de vergüenza. La maquinaria que paría contrarreloj cientos y cientos de novelitas como si el mundo fuera a acabarse o la Historia exigiera recuperar el tiempo perdido, intentaba que lo insólito, lo original, lo bizarro y lo atrayente para el consumidor fuera norma constante. De ahí que rizar el rizo se convirtiese en un arte, o un desafío. De ahí que, como era de esperar, el ansia por impactar reiteradamente degenerase en la autoparodia y el despliegue socarrón de ideas; aquí nada se desperdicia...

A nuestros ojos, acostumbrados hoy a otro tipo de lecturas, las novelas de a duro representan el lado infame de la literatura de género, medido por el absurdo delirio que podemos saborear al abrir las páginas de uno de estos libritos. ¿Cómo si no calificar las sensaciones que puede producirnos la degustación de un título como AMOR Y MUERTE EN LA TERCERA FASE...? Parodia indisimulada, humor algo chungo, gamberrismo de escritor a sueldo... Es en los títulos de las novelas donde encontramos las trazas de lo expuesto. Latigazos como EL MAYOR CARADURA DE LA GALAXIA, NO HAY PLANETA COMO MI PLANETA, SIMBAD VIAJÓ A LAS ESTRELLAS, HAY QUE PINTAR A LOS INVASORES, LOS ROBOTS NO SON HUMANOS (¿?) , TODOS NO SOMOS HORMIGAS, LA BELLA DURMIENTE DEL ESPACIO, ASTEROIDE LESBOS 3, o X-77 ¿VIDA? ¿MUERTE? captan sin duda nuestra atención... Pero, ¿qué decir de un título como ¿ME DAS FUEGO, MARCIANO? Decididamente bizarro...

El extraño humor aplicable a lo que en esos momentos pasaba por ser ciencia ficción de consumo hizo que los hipotéticamente verdes habitantes del planeta rojo tuvieran un gran protagonismo en chistes de la talla de ALÍ BABA Y LOS 40 MARCIANOS, UN YANQUI EN LA CORTE DEL REY MARCIANO, MARKIANO, REY DE MARTE, o el sin duda bonito y evocador TERRESTRES Y MARCIANOS, HERMANOS... Como se puede comprobar, el despliegue de ingenio (¿ingenuo?) no tiene límites...

Si hay un protagonista esencial y que dio para muchas páginas de despiporre creativo, ese es el nunca bien ponderado cerebro humano. Montones de títulos hacen uso del paquete de células grises en sus tramas: USTED LLEVA MI CEREBRO, LOS DOS CEREBROS DE SULLIVAN, CAZADORES DE CEREBROS, UN CEREBRO DE IDA Y VUELTA, CEREBROS CAUTIVOS, ¡SÓLO MI CEREBRO! GUERRA DE CEREBROS, EL REY DE LOS CEREBROS, ROBINSONES DEL CEREBRO, CEREBRO MECÁNICO o LA BANDA DEL CEREBRO, dejan bien a las claras que fue un protagonista inspirador para gran cantidad de autores. Nuestro apreciado órgano cumple aquí una función muy parecida a la que cumpliera en los filmes americanos de serie B, o Z, demostrando que en todas partes cuecen habas y el delirio es una de las perfectamente válidas salidas del arte para consumo humano.

Pero si hablamos de títulos de marcado cariz extravagante, sumergidos ya en esa vorágine del todo vale con destellos de humor, hemos de referirnos a cosas como ¡JO, QUÉ PEQUEÑITOS! ¡A LA CAMA, TERRÍCOLA! o la auténtica estrella del absurdo , T.E., EL TERRESTRE EXTRA, que miedo da solo de pensar qué clase de aventura tuvo en mente su autor a la hora de sentarse frente a la máquina de escribir. Cuando encuentre la novelita en cuestión, lo cuento...

Total; todo lo anteriormente mencionado intenta dar fe de la existencia de una ciencia ficción española destajista y febril que recurre con frecuencia a la opción de no tomarse demasiado en serio a sí misma. Si elementos como la acción y el erotismo trasnochado resultan indispensables en cada aventura, el humor acaba por convertirse en un compañero de viaje muy eficaz, que conecta con el público invisible que existe más allá del quiosco.

Hoy, desde diversos frentes, se pretende recuperar (al menos para que nos quede constancia) la memoria de aquellas toneladas de historias gamberras que utilizaron la sonrisa cómplice como válvula de escape. Es todo un mundo que rescatar del lodo del tiempo...

© Iván Olmedo, (953 palabras)
Iván Olmedo es bibliotecario de Cyberdark y colaborador habitual del Sitio