Lucas y el Lado Oscuro de la Fuerza
por J. P. Bango

Esta mañana revisaba un making off, en realidad un documental sobre los pormenores que rodearon el rodaje de la primera parte de Star Wars, el casting (con algunas curiosidades como el carácter subsidiario de Harrison Ford: por aquel entonces un actor demasiado famoso; para el film pero que había sido contratado para dar la réplica a los candidatos a los diferentes papeles), los (d)efectos especiales, la horripilante voz de David Prowse (por cierto, la criatura de Frankenstein que adorna la web DeMentes), la obstinación de Lucas por levantar un proyecto independiente en el seno de una industria acostumbrada a rechazar proyectos imaginativos.

La verdad es que viendo todo el proceso de pre-producción (Lucas luchando por la independencia del producto), de rodaje (los actores pasando las de caín en el desierto tunecino), de post-producción (música excluída), parece un milagro que el proyecto llegara siquiera a estrenarse y, más aún, que resultara el éxito universal y difícilmente discutible que aún es. Pero para levantar proyectos imposibles, para hacer del sueño de un hombre un universo disfrutable y grandioso, la magia tuvo por bien aliarse con el Cine...

Las consecuencias de esta ensoñación lucasiana (y sobretodo de las secuelas de Star Wars) ya las conocéis pues revitalizaría el Cine de los Grandes Estudios hasta convertirles en los mastodónticos vendedores de palomitas que hoy son. Pero lo mejor del documental se quedaba para el final, con un George Lucas (el tipo de había hecho de la Independencia su gran causa) engullido por los conceptos de su propio imperio, según sus propias palabras, viviendo un proceso similar al que Darth Vader había experimentado a lo largo de la saga, convirtiéndose en aquello contra lo que había luchado toda su vida.

Por eso no es difícil adivinar en las etapas de la vida de Lucas la sombra de Anakin Skywalker, aquel ingenuo muchacho que sabiéndose poseedor de la fuerza de los Jedi acaba absorbido por los efluvios del Lado Oscuro de la Fuerza: independiente para realizar cualquier proyecto que le venga en gana y, sin embargo, devorado por la servidumbre del éxito y por los influjos tentadores del poder.

Y por eso, también, me apasiona (tanto como la anterior) la nueva trilogía galáctica. Puede que Lucas haya perdido la frescura y la ingenuidad de sus primeras cintas pero nunca, ya veis, ha dejado de ajustar cuentas con su propio pasado. Justo lo que haría cualquier artista.

© J. P. Bango
(403 palabras)
Publicado originalmente en El cronicón cinéfilo el 10 de noviembre de 2004