Enelogías no autoconclusivas
por Jacinto Muñoz

No se si es un técnica de venta o de publicidad, pero empieza a sentarme mal.

Hace poco terminé de leer TIEMPO DE ODIO cuarta entrega de la magnífica saga creada por el polaco A. Sapkowsky, publicada en castellano por Bibliópolis. Es la cuarta de siete, las novelas no son autoconclusivas y su continuación está anunciada por la editorial para alguna desconocida fecha del futuro.

Algo parecido me ocurrió con la también famosa Canción de Hielo y Fuego, cuyas dos primeras partes han sido publicadas en España por Gigamesh. Anuncian la tercera para no se sabe cuando, y aún faltan otras tres que ni siquiera han sido concluidas por el autor.

Tampoco los diferentes tomos son autoconclusivos. Esta mañana leía la reseña de otra novela: LA EDAD DE ORO. La reseña me estaba gustando, y conforme avanzada su lectura consideraba seriamente la posibilidad de adquirir la obra, mas llegue al final y encontré el siguiente dato: la novela forma parte de una trilogía y no es autoconclusiva.

¡Joder! (Perdonen la expresión) me he dicho, esta vez no caigo. Esta no la compro hasta que no estén publicadas todas sus partes.

El problema no es que se trate de finales abiertos, como en tantas otras grandes series (así a bote pronto me acuerdo de Las fundaciones, Dune, Ender) que de tan abiertas, han dado lugar a cuatrilogías, pentalogías... Enelogias, pero donde cada volumen cerraba al menos su trama principal, permitiendo al enganchado lector, dejar de comprar las sucesivas entregas cuando decidía que el autor o editor se estaban pasando tres pueblos en su afán por exprimir una idea afortunada (En mi caso dejé la fundación en Los límites, Ender en los Muertos y Dune en sus hijos), sin la sensación de que le estaban hurtado una parte sustancial de la trama.

El problema de estas otras obras es que usan la técnica del folletín, nos dejan con la espada descendiendo sobre el cuello de el héroe y... punto final. ¡Ale! a esperar.

No es que tenga nada contra los folletines, al contrario, muchos me encantaban, pero los folletines de toda la vida tenían fecha de continuación y los viciosos como yo esperábamos impacientes a la siguiente semana o mes, y rondábamos el quiosco desde unos días antes, para ver si, por suerte, el envío del tebeo o revista de turno se adelantaba a la fecha prevista. Y el quiosquero sonreía con malicia cuando nos veía llegar y sabía en su poder aquel oscuro objeto de nuestro deseo (¡Ah! ¡Que tiempos!).

En cambio estas nuevas series no continúan semanalmente, ni mensualmente, ni anualmente, ni sabe Dios cuando. Y No se a los demás, pero a mi personalmente me fastidia bastante; tanto que, entre otras, no creo que compre la continuación, que sé inconclusa, de Canción de Hielo y Fuego. ¡Yo que habría cruzado Madrid andando al terminar el segundo volumen para conseguir el tercero!

Sin duda esta actitud mía es una estupidez un poco infantil, los autores, son los dueños de su obra y escriben como y cuando quieren y los editores, para sobrevivir, están sujetos a las leyes del mercado o de los autores o traductores; pero que le voy a hacer, los niños lo queremos todo inmediatamente y no sabemos esperar a mañana.

También es probable que gracias a los tipos un poco infantiles como yo, este tipo de novelas venden unos cuantos ejemplares.

© Jacinto Muñoz
(564 palabras)