¿Ordenadores biológicos?
por Sarah Romero

Seguimos en una buena época para pillar un resfriado, pero ¡ah! dichosos de nosotros. Cada vez que estamos expuestos a un virus, nuestro sistema inmunológico construye partículas llamadas anticuerpos que resisten y eliminan ese germen o virus en particular. Si no fuera por los anticuerpos tendríamos que vivir en una burbuja para que no nos afectaran los gérmenes que se mueven continuamente a nuestro alrededor. Cabe entonces ahora una reflexión: ¿por qué no podemos construir ordenadores que hagan lo mismo que nuestro cuerpo? Extrapolándolo a una de las mayores preocupaciones mundiales como son los virus, ¿podemos construir ordenadores que se protejan a sí mismos de los virus?

Si nuestro cuerpo funcionara como un ordenador, lo más probable es que la raza humana ya se hubiera extinguido. Afortunadamente, el cuerpo es un organismo dinámico que se recupera con rapidez ante los cambios; nuestro sistema inmunológico se adapta a nosotros desde que nacemos hasta la pubertad y luego a través de todo el proceso de envejecimiento.

Quizá la promesa de un ordenador biológico, que es la reflexión que pretendo plantear, sería la causante de que nuestras máquinas en vez de quedarse obsoletas en el tiempo (y muchas veces antes de lo que nos gustaría, ya que es nuestro bolsillo quien más lo nota), podrían crecer y actualizarse por sí mismas. Pero mientras es sencillo buscar analogías o comparaciones entre cómo el sistema inmunológico humano trabaja y cómo los antivirus, en este caso, deberían trabajar, la realidad es que imitar el funcionamiento de la naturaleza no es una tarea simple.

Quizá el hombre no sea capaz todavía de desarrollar programas que reproduzcan exactamente el funcionamiento biológico del organismo humano, pero sí que podemos aprender técnicas desde la biología que nos hagan capaces de construir sistemas informáticos más robustos y también más escalables, y por supuesto, más seguros.

Hombre-máquina

Podemos aprender desde el estudio de otros mecanismos naturales de defensa. Los sistemas de inmunidad son una parte de la solución, pero no lo son todo, ni en los ordenadores ni en la naturaleza. El éxito de los sistemas inmunológicos se basa en que el organismo continúa su función normalmente aunque alguna parcela de él haya sido infectada, por lo que el cuerpo tiene tiempo para producir suficientes anticuerpos para reaccionar al virus.

Por tanto, el futuro de la informática debería ir en ambas direcciones de investigación; por un lado, cambiando la forma en la que construimos los ordenadores desde dentro para hacerlos menos vulnerables, y, por otro lado, desarrollando sistemas inmunológicos para mitigar los ataques a nuestras máquinas.

Desafortunadamente, el entorno en el que nuestros ordenadores se mueven, esto es, el mundo de Internet, es increíblemente hostil. Cada vez que aparece un nuevo virus o un nuevo gusano, parece ser mucho más rápido que el anterior y el usuario de base se lanza a bajarse parches y actualizar su sistema antivirus; una actuación que llevan a cabo cientos de miles de usuarios de ordenador cuando la amenaza de un virus está próxima. La buena noticia de este hecho es que cada ataque vírico está provocando que una mayor cantidad de usuarios desarrolle hábitos de supervivencia ante los ataques. Teóricamente, al fin y al cabo, esto debería hacer el entorno de internet mucho más fuerte y seguro; repito: teóricamente.

Existe un gran interés por parte de las empresas por desarrollar software antivirus y sistemas de recuperación de datos que simulen las defensas naturales del cuerpo humano. Pero mientras algunos productos incluyen actualmente algo de inteligencia artificial (Symantec), como aprender a reconocer amenazas reales de virus, los sistemas que se recuperan verdaderamente están todavía en fases de investigación muy tempranas.

Por ahora, seamos cautos

Cuando diseñemos ordenadores que simulen con gran realidad el funcionamiento de la naturaleza, nos daremos cuenta de otros beneficios que puede comportar el hecho de que el ordenador se comporte más como un hombre que como una máquina.

Mientras esperamos cambios en la evolución de las relaciones hombre-máquina, y que nuestros ordenadores puedan literalmente cuidar de sí mismos, unas pocas acciones preventivas pueden lograr que tu sistema esté seguro durante más tiempo. En otras palabras, los consejos de siempre (sí, los de la abuela): bájate los parches de seguridad siempre que puedas, actualiza tu software a menudo, y olvídate de abrir correos sospechosos. Tu ordenador te lo agradecerá, tarde o temprano.

© Sarah Romero
(721 palabras)
Publicado originalmente en La Flecha el 22 de marzo de 2004