Influencia y cantidad
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace poco Gabriel Benítez desmontaba en un artículo lleno de lucidez algunos lugares comunes del mundillo éste de la ciencia-ficción. Uno de ellos hablaba de la desproporcionada importancia que algunos grupos de fans acaban por tener cuando, ni cuantitativamente son representativos más que de una pequeñísima parte de los aficionados, ni cualitativamente su objeto de pasión es especialmente indicativo de lo que puede llegar a ofrecer el género.

Gabriel se refería específicamente a los trekkies (trekkers, o como prefiera cada cual) por su particular habilidad para hacer ruido y llamar la atención. En España no se ha llegado a los extremos de pasión furiosa de los Estados Unidos, pero si resulta sintomático que la EspaTrek suele tener más tirón mediático a nivel nacional que la mismísima HispaCon. Como ejemplo del interés que despiertan las HispaCones entre la prensa nacional baste decir que el domingo en el que se clausuró Gadir 2004, a las televisiones les era más atractivo emitir la reseña de una feria de esoterismo y maguferías varias que un resumen de la propia convención. Es decir, tiene más tirón la superchería pura y dura que un evento cultural que ni siquiera los secretarios de estado del ramo (recordemos a Luis Alberto de Cuenca en Xatafi 2003) tienen empacho alguno en inaugurar.

Los motivos me parecen obvios, en las HispaCones apenas hay carnaza para periodistas necesitados de frikis ridiculizables, ver un montón de gente de grave aspecto, hojeando libros, intercambiando impresiones, departiendo en sesudas charlas sobre cine y literatura, o hacer una entrevista a un doctor en química que asegura haber llegado a Turgeniev a través de Stanislaw Len no es especialmente espectacular.

Tómese sin embargo un montón de jóvenes (y no tan jóvenes) tekkies en su convención anual. Ni gravedad, ni critica literaria ni historia comparada del cine, pura diversión. Aquel, discreto, con sus libros y DVDs, este otro con sus insignias de la Federación prendidas de la solapa, allí ¡Oh! ¡Allí un perfecto vulcaniano con sus orejas picudas y su uniforme de la primera temporada de TOS (por supuesto nada de camisetas rojas) junto a su colega maquillado a lo klingon...! o algo que se le parece lejanamente. Carne de suplemento de telediario, y ya podrán haber dicho cien veces al de la tele que ellos solo se visten así una vez al año y para cachondearse del personal, ya se encargará éste de que parezca, en menos de treinta segundos de reportaje, que ese es su modo de vida.

Y seguro que las buenas gentes, visto lo visto en la televisión, asimilarán los aficionados a la ciencia-ficción a los trekkies de fiesta, únase a esto la demostrada capacidad organizativa en lo que respecta a las campañas de presión del colectivo trek y entenderemos porqué unos pocos fans tienen más del doble de influencia que la gran mayoría de los aficionados a la ciencia-ficción.

Ellos hacen bien, al fin y al cabo defienden lo suyo, pero como dice Gabriel en su artículo, en este caso el bien de una minoría no es el bien de la mayoría.

Y encima no consiguen que ninguna televisión traiga Enterprise.

Larga y Prospera vida.

© Francisco José Súñer Iglesias
(526 palabras)