Ferias
por Francisco José Súñer Iglesias

Del 25 de septiembre al 12 de octubre está instalada en Madrid a los pies de la Cibeles, en el paseo de Recoletos, prolongación del paseo del Prado y antesala del Paseo de la Castellana, la Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo, pero cuidado con esta denominación porque, por inercia, se suele leer del tirón Feria del Libro Viejo y de Ocasión, y no es así. Es muy necesario hacer esta puntualización porque se despiertan muchas expectativas en lo que respecta a las posibles ocasiónes que raramente se cumplen, y con razón.

No voy a hablar por mi, afortunadamente me di de bruces con un paquete, convenientemente envuelto en celofán y cuidadosamente sellado, con los tres libros originales de la Fundación de Asimov en la edición del Libro Amigo de Bruguera. Había perdido (o me los habían perdido) estos tres libros hacía ya tiempo y me hizo ilusión recuperarlos y a un precio para nada descabellado; 10 euros, 3,30 por ejemplar, unas 550 pesetas según el sistema isabelino. Si se tiene en cuenta que en origen (allá a principios de los 80) el precio de portada era de 300 pesetas en sus últimas reimpresiones, no hay duda que mi compra se trataba de una verdadera ocasión.

Sin embargo, entre lo demás que pude ver, al menos en lo que respecta a los libros de ciencia-ficción, había poca ocasión y mucha rareza para coleccionistas compulsivos. Desde realmente viejos y muy deteriorados volúmenes de Martínez Roca por 15 euros hasta números raros de Nueva Dimensión por 20. Era obvio que las mejores piezas de la feria no estaban dirigidas a compradores ocasionales o de recursos escasos, sino a expertos con colecciones a medio terminar dispuestos a pagar casi cualquier cosa por ese volumen o ese número tanto tiempo perseguido.

No voy a decir, por supuesto, que la venta de estas piezas a esos precios sea una practica reprobable ni su compra un ejercicio descabellado, si hay demanda y poca oferta los precios suben, es una de esas leyes básicas del mercado que siempre se cumplen.

Sin embargo, la confusión que lleva implícita la palabra viejo asociada a la palabra feria lleva a muchos incautos a acercarse por estas ferias sin tener en cuenta que el matiz es importante. Obviamente ocasiones hay, y muchas, al fin y al cabo se tiene la ocasión de comprar el libro, existe, está ahí al alcance de la mano, sin embargo, tal y como se entiende el término ocasión comercialmente, al menos en España, se trata más bien de la oportunidad de conseguir buena mercancía a un precio razonable, no de entrar prácticamente en el mercado de almoneda, como es el caso.

Una orientación más cabal de este tipo de ferias sería llamarlas Feria del Libro de Coleccionista, así nadie se pasearía despistado por las casetas, pensando en dar con ese libro que tanto tiempo lleva buscando a un precio asequible, sabría que está ante piezas más o menos cotizadas que generan por si mismas una demanda propia y tienen un mercado muy específico, más allá del simple lector curioso.

En definitiva, no confundir el libro valioso con el libro de saldo, para éste último existen numerosas ferias ambulantes que dan cumplida respuesta a la necesidad de lectura asequible y en cantidad, aunque se den circunstancias como la de ver en el paseo de Recoletos libros por los que se pedían casi quince euros (LAS ISLAS DE LA GUERRA, de Ángel Torres Quesada en su edición de Ultramar) cuando éste mismo mes de marzo tuve la oportunidad de ver en una caseta de saldo de Móstoles las tres Islas a cinco euros cada una. ¿Se han agotado los ejemplares disponibles en tan corto espacio de tiempo? Es posible, pero tengo curiosidad por volver el próximo mes de marzo a esa caseta.

© Francisco José Súñer Iglesias
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