En búsqueda del límite humano
por Dixon Acosta

¿Cuál es el límite físico del ser humano? Es la pregunta que me repito cada cuatro años, cuando durante unos pocos segundos me detengo a observar las zancadas raudas de los atletas que corren los cien metros planos, una de las pruebas reinas de los juegos olímpicos.

Citius, Altius, Fortius, es decir, más rápido, mas alto y más fuerte, son tres frases que deberían interpretar los retos que los deportistas enfrentan en sus competencias, pero no son los únicos obstáculos, pues cada vez es mayor la injerencia de factores comerciales y políticos en las justas. Sin embargo, el enfrentamiento real de un atleta es consigo mismo y sus limitaciones físicas. Es apenas lógico pensar que llegará un día en que las marcas, records y registros no puedan variarse, todo tiene su frontera. Hoy día, los deportistas apelan no sólo a sus condiciones naturales, sino a todos los recursos técnicos para alcanzar sus objetivos, trajes confeccionados con fibras especiales, equipos aerodinámicos, aparatos que graban los movimientos y señalan los errores, eso sin hablar de apoyos extradeportivos, como los químicos no permitidos.

Antes de comenzar los actuales Juegos de Atenas, los medios de comunicación informaban sobre varios deportistas dopados, muchos pierden la competencia frente a la fama, la presión y el compromiso nacional. Pero volviendo al interrogante original, aunque el Baron Pierre de Coubertin dijera que es más importante competir que ganar, todos desean la victoria, por ello, ¿qué pasará cuando los hombres hayan llegado a todos sus límites? Se contemplarán acaso posibilidades facilitadas por el desarrollo de la ciencia y la tecnología, por ejemplo utilizar hombres genéticamente mejorados, o clones diseñados para las competencias atléticas, equipos o selecciones nacionales conformados no por hombres sino por robots deportistas, ¿acaso otras alternativa inimaginadas?

Es difícil determinarlo, personalmente espero que en aras del entretenimiento y la comercialización, no se confunda el ideal de la competencia atlética por el morbo del dolor ajeno, como ocurre en la película THE RUNNING MAN (1987), en la cual un programa televisivo revive la barbarie del circo romano, presentando a unos prófugos de una controvertible justicia quienes son cazados y muertos por gladiadores tecnificados. Otros ejemplos de la anticipación que ha realizado la ciencia-ficción en el cine, en cuanto a deportes violentos que podrían atraer a las masas del futuro, son ROLLERBALL (1975) y THE BLOOD OF HEROES (1990).

Por estos días, se anuncia una comedia, que si bien no corresponde al género futurístico, se refiere a un extraño deporte que consiste en agredir al oponente con un balón bastante pesado, DODGEBALL: A TRUE UNDERDOG STORY (2004), práctica que al parecer en la vida real tiene una aceptación cada vez mayor.

La identificación del deporte con la violencia, es una frontera, que el hombre no debería aspirar a cruzar.

© Dixon Acosta
(461 palabras)