¿Por qué un lector español prefiere comprar una obra extranjera?
por Francisco José Súñer Iglesias

He tomado el título de este artículo de una discusión mantenida a mediados de julio en la lista de correo de la AEFCFT. El detonante fue la idea de de que una cuota de página o tasa de traducción, un a modo de arancel sobre las obras extranjeras imitando a la cuota de pantalla cinematográfica, fomentaría la producción y lectura de obras nacionales, aparentemente arrinconadas por obras extranjeras, mayormente venidas de Estados Unidos.

A mi eso me parece una soberana estupidez y una falta de visión y comprensión de la cultura digna de los tiempos de la autarquía, que sólo fomenta el ombliguismo y la producción de obras cada vez peores.

En la cultura (y en general en cualquier ámbito), imponer cuotas es la mejor forma de caer en la mediocridad, que un paniaguado produzca regularmente bazofia a sabiendas de que por hacerlo en cornellés o fuenlabradeño va a tener un dinerito asegurado no es de recibo. No tengo inconveniente que eso lo hagan según que editoriales con según que concursos, al cabo son iniciativas privadas con dinero privado, pero una institución pública nunca debería prestarse a tales manejos. Personalmente, no daría un chavo en subvenciones, a lo sumo modificaría o aplicaría (que no se como está) la ley del mezenazgo para incentivar esos concursos, y que caray, que dejaran de llamarse concursos.

Sospecho que la literatura (y en general la cultura yanki) resulta tan bien acogida y se consume tan bien porque, publicidad aparte, está hecha precisamente pensando en el público, no en el autor ni en los amiguetes del autor, aplicando al pie de la letra el primer mandamiento de Billy Wilder; No aburrirás. Como ejemplos paradigmáticos están Shakespeare, Lope de Vega, Moliere y demás, ahora parecen genios de la literatura, pero en su tiempo no eran más que garbanceros que, o triunfaban con sus obras, o no comían, así de simple. ¿Y qué daban al público? Lo que el público quería, nada de irse por los cerros de Úbeda ni liarse a buscar palabros retorcidos en el diccionario (ahora lo parecen, pero entonces eran palabras de uso común) y si la obra era pura basura en el patio de butacas se organizaba la revolución.

La gente iba al teatro a divertirse y pasar el rato, no a aguantar tontunas metafísicas, y si no se divertía, había tomatazos para todos. Al espectador había que encandilarle, tenerle sentado, callado toda la obra y conseguir que se fuera satisfecho del teatro, nada de aburrirle (lo menos malo que podía pasar era que no volviera más a gastarse sus duros) Por eso resulta alucinante cuando, aún hoy, hay asnos que no se enteran y se sorprenden ¡e incluso ofenden! porque cosas como el CINCO ABCD.COM de turno, sea el teatro que manda. ¿Y qué se esperan? Durante muchos años el teatro ha estado lleno de obras pomposas y vacías que aburrían a las cabras y mantenían lejos, muy lejos, a los espectadores. El teatro no estaba en crisis, el problema era que se representaban obras de nulo interés que nadie estaba dispuesto a ver. Ahora el público ha redescubierto la actuación en directo ¿gracias a los chistes y la chabacanería? Pues si, asómbrense, los mismos chistes y chabacanería que ya se trabajaban en los teatros griegos y romanos y que tan buenos resultados han dado durante siglos.

¿Donde quiero ir a parar? Pues a que todo esto los yankis ya lo descubrieron hace mucho; la gente lee y va al cine a pasar el rato, a pasarlo bien, no a que le cuenten milongas pasteleras, llevan años aprendiendo el oficio (inventándolo a veces) y por eso consiguen producir obras tan redondas y técnicamente impecables, si el espectáculo tiene que ser chabacano lo es, pero si quieren hacer un drama de categoría lo hacen porque manejan el medio y conocen todos sus trucos y claves, es decir, que sin renunciar al entretenimiento con capaces de transcender a él, y eso la gente lo percibe, sabe que con una película o libro venido de yankilandia va a encontrarse con un producto técnicamente bien acabado, e incluso, si hay suerte, que va más allá del simple pasarrato.

Eso poco a poco (para horror de cuantro gilipollas subvencionados) está calando aquí, cada vez hay más libros y películas que, asombrense, piensan en el consumidor y producen para su solaz, no como ejercicio de pajillerismo. TORRENTE (chabacanería y mal gusto) ha sido un taquillazo porque va a favor de corriente, ¿y qué? Quien va al cine decide por si mismo lo que quiere ver, ALAS DE MARIPOSA o LA MADRE MUERTA fueron dos ejercicios estilosos que dudo mucho que recuperaran la inversión en taquilla pero muy del gusto de la intelligentsia cultureta. AIRBAG provocó ahogos y palpitaciones entre esa misma intelligentsia... pero ha sido de las películas más taquilleras de la historia del cine español.

En definitiva, si cine y literatura no se hacen pensando en el espectador el espectador dejará de lado a ese cine y esa literatura. Cine y literatura hechos para el espectador tendrá público asegurado, será cultura fuerte, con demanda, no necesitará subvenciones ni proteccionismos provincianos, sobrevivirá por si misma. ¿Pasar a la historia como grandes clásicos? Lo harán los que además de ofrecer esto lo hagan desde la inteligencia y la genialidad, como el tiempo se ha encargado de demostrar con Shakespeare, Lope de Vega y Moliere.

© Francisco José Súñer Iglesias
(897 palabras)