¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
por Daniel Genis Mas

A pesar que la etiqueta de literatura de ciencia-ficción pueda llevar a pensar que estamos ante una cosa intrascendente, irreal o menospreciable, la verdad es que la buena literatura de ciencia-ficción tiene mucho de ciencia y muy poco de ficción. No deja de ser, podríamos decir, una mirada al mañana con los ojos de hoy. Jorge Gorostiza lo ve de esta manera: Una obra de ciencia-ficción expresa más aspectos de su propio presente que del futuro. El escritor se aleja un paso hacia delante, podemos pensar, para que el lector pueda ver más y mejor. Sólo tenemos que recordar UN MUNDO FELIZ (A BRAVE NEW WORLD, 1932) de Huxley y 1984 (NINENTEEN EIGHTY FOUR, 1948) de Orwell para convencernos de ello.

Philip K. Dick , el autor de ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? (DO ANDROIDS DREAM OF ELECTRIC SHEEP? 1968; novela que inspiró el film de Ridley Scott BLADE RUNNER, 1982), todavía iba más lejos y afirmaba que la ciencia-ficción no nos habla en realidad del futuro, sino del presente continuo y aún del futuro pasado, de tal manera como si recordara aquellas célebres palabras de cuento de hadas que situaban el futuro en el pasado y que nos venían a decir que hacía mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy lejana... Aire a futuro pasado, gastado, es el que respiramos también en las primeras líneas de la novela de Philip K. Dick .

Hacer verosímil al lector aquello que lógicamente no lo es, eso que solamente existe en su mente y que, por obra y gracia de su talento, tendrá que contagiar a los lectores y hacerlos partícipes de su alucinación, a esto se refería Jorge Luis Borges cuando escribía en su cuento EL LIBRO DE ARENA que afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico, ergo es fantástico. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? también es un relato verídico o, por lo menos, algún día podría llegar a serlo. Philip K. Dick sitúa la acción de la novela en una San Francisco medio despoblada después de un cataclismo nuclear. En esta nueva sociedad donde muchas formas de vida se han extinguido el hecho de poder contar con un animal de compañía vivo (y no con una réplica artificial) es un lujo y un signo de importancia social; por eso Deckard , el cazador de recompensas retirado, el ex-blade runner, ve en el premio a la retirada de unos androides ilegales (unos replicantes, en el lenguaje cinematográfico) la oportunidad para sustituir su vieja oveja eléctrica por cualquier otro animal real que venga a satisfacer la vanidad de su esposa.

Decía K. Dick : El universo de mi novela es el mismo en el que vivo o en el que me parece vivir. El Deckard original y el del celuloide, no obstante, viven en universos muy alejados: ante el Deckard materialista de K. Dick está el Deckard existencialista de Scott ; ante los androides del libro, los ángeles caídos de la película; ante el happy end tan hollywoodiense, el angustioso interrogante del final de la novela: ¿es en realidad el propio Deckard , el cazador de androides, el androide que sueña con ovejas eléctricas?

Nunca he leído un libro de Philip K. Dick (ha confesado vergonzosamente Ridley Scott , el director de la película). Evidentemente, sabía que era un escritor! Una vez comencé uno de sus libros, pero me pareció que era demasiado complicado. Muchas veces los dioses son caprichosos e incluso permiten, de vez en cuando, que, por un azar desdichado, un idiota pueda concebir las obras más bellas...

© Daniel Genis Mas
(599 palabras)
Publicado originalmente en catalán en enero de 2004 en la revista Mira'm.