La conquista del espacio y 3
por Manuel Nicolás Cuadrado

Uno de los temas más recurrentes de la ciencia-ficción es precisamente la conquista del espacio. Y en este ámbito también hay planteamientos recurrentes:

La posibilidad de viajar sin limitaciones (o con pocas) a lo largo del universo, el encuentro con alienígenas que habitan en el mismo cosmos que nosotros (que por regla general, suele ser demasiado pequeño para ambos) y la colonización de los planetas que pueblan ese mismo universo. Los ejemplos literarios y cinematográficos los conocen ustedes, forofos de lo ciencia-ficcionero, mejor que yo.

Los tres planteamientos se dan de bruces con la realidad de la conquista espacial actual. Con la física, química y matemáticas que nos rodean en la realidad que vivimos es imposible alcanzar una determinada velocidad, por muy potentes que sean las naves espaciales. Y esa velocidad no se acerca ni de lejos al límite teórico de la velocidad de la luz. Y aún con esa velocidad conseguida, la nave se fundiría (con todo lo que llevara dentro) con el espacio-tiempo. Y todavía si esto fuera superado, seguiríamos tardando miles de años (y siglos) en llegar a donde quisiéramos. O sea, que no se puede. Que no hay tu tía, vamos.

La posibilidad de que existan seres vivos en otros planetas es ciertamente más razonable, si atendemos al simple razonamiento teórico siguiente: si el universo es infinito y ha sido posible la vida en la tierra, ¿porqué no podrían reproducirse factores parecidos en otro lugar? Pero lo malo es que no se sabe en qué lugar y a qué distancia se puede producir este hecho. Lo primero es que las condiciones no son siempre las mismas y por lo tanto los extraterrestres no tienen porqué ser más inteligentes que una babosa de tierra (o los terráqueos más inteligentes que una babosa de Alpha Centauri) Lo segundo es que, aunque sean más inteligentes y posean una tecnología más avanzada, van a descubrir que tienen las mismas limitaciones que tenemos nosotros en cuanto a física, química y matemáticas, tardarían lo mismo que nosotros en viajar y no digamos en encontrarnos. Es decir, que vida en otros planetas puede que haya, pero jamás nos encontraremos ni tendremos noticias el uno del otro (salvando una posibilidad estadística extremadamente remota, que dejo abierta para que no se me depriman)

En el caso de la colonización, mientras se circunscriba al límite del sistema solar y aledaños, es realmente posible en algunos planetas o satélites (en los gigantes gaseosos, ni hablar) Aquí el problema radica en el inmenso costo que supondría mantener dichas colonias, que solo podría justificarse si se encontrara algo que mereciera la pena extraer, alguna catástrofe que nos obligara a emigrar o una presión demográfica insostenible.

En definitiva, la conquista del espacio aún está en pañales, aunque es bueno que seamos conscientes de nuestras propias limitaciones. Posiblemente mi generación no verá nada digno de mención en cuanto a la conquista del espacio se refiere (personalmente me conformaría con ver como el hombre llega a Marte) y la de nuestros hijos, más bien que tampoco.

Antes de concluir, me gustaría añadir que por otra parte y viendo la cara brillante de la vida, los escritores y pensadores de ciencia-ficción están por estas y otras razones de enhorabuena, ya que si son medianamente aceptables en su trabajo no creo que a medio ni largo plazo se queden en el paro.

Por lo tanto, a relajarse y disfrutar. El panorama real de la exploración espacial no ha hecho realmente sino comenzar, aunque me gustaría que la sociedad fuese más curiosa en general y más sensible a los problemas y ventajas que se plantean en particular. Deberíamos creernos realmente que somos curiosos por naturaleza, aceptarlo y obrar en consecuencia. Solo así podríamos meter velocidad a la maquinaria, prematuramente envejecida (más bien latente) de la conquista del espacio.

© Manuel Nicolás Cuadrado
(637 palabras)