Un mundo feliz
por Daniel Genis Mas

En 1516 Thomas More publicaba su célebre obra UTOPÍA (que significa en ningún sitio, en griego), donde dibujaba la líneas maestras de su sociedad ideal, basada en una especie de comunismo cristiano. Desde entonces, los sueños utópicos empezaron a proliferar en las horas de sueño de tantos y tantos pensadores. Hasta que en el siglo XX estos sueños de una sociedad humana perfectamente ordenada y justa se transmutaron en las pesadillas del socialismo estalinista y de los totalitarismos fascistas. La utopía se había vuelto distopía, esos sueños acerca de un mundo perfecto, sin mácula, regido por una telaraña de leyes justísimas se acabó convirtiendo en la realidad en un mundo sin las más elementales expresiones de libertad. El ruso Eugeny Zamyatin, por ejemplo, en un su obra NOSOTROS (1924), nos describe brutalmente un mundo totalmente socialista para dentro de mil años, con una transparencia en los comportamientos que permite el control permanente y total de todos los aspectos de la intimidad de las personas y donde el único afán es que los humanos lleguen a ser, algún día, tan perfectos como las máquinas.

La máxima expresión de esta voluntad la encontramos en UN MUNDO FELIZ (A BRAVE NEW WORLD, 1932), del británico Aldous Huxley, auténtica obra de anticipación de toda la moderna literatura de ciencia ficción, que señala el comienzo de una nueva era para la humanidad en el justo momento en que aparece el primer modelo T de la compañía automovilística Ford, cosa que representa la producción en serie como el principio de esta sociedad, ya que, al igual que los automóviles, ahora las personas también son producidas en serie. Dijo en cierta ocasión Huxley: Yo no quiero el confort. Yo no quiero a Dios, quiero la poesía, quiero el verdadero riesgo, quiero la libertad, quiero la bondad, quiero el pecado. UN MUNDO FELIZ expone la visión futurista y pesimista del mundo que tenía Huxley, y nos muestra una sociedad regida por el condicionamiento psicológico como parte de un sistema inmutable de castas donde todo el mundo goza de una aparente felicidad a cambio de su renuncia a la libertad. Leemos en la novela: Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea, y nunca desea aquello que no puede conseguir... y si algo falla, siempre queda el soma. El soma, el narcótico de que se sirve el gobierno totalitario para mantener las conciencias anestesiadas y asegurarse su propia continuidad.

Poco después de publicar Un mundo feliz, Huxley entró en contacto con las filosofías orientales y empezó a experimentar con drogas, y su literatura corrió desde entonces por otros derroteros. Aún así, volvió a visitar su mundo feliz en Nueva visita a un mundo feliz (A brave new world revisited, 1958).

De Huxley se explica que en el momento de su muerte le pidió a su esposa que le administrara una dosis de LSD para poder mantener la cabeza clara en aquellos últimos momentos, mientras se le caía, de entre las manos, el Libro tibetano de los muertos. Huxley moría de cáncer en 1963 y moría sin Dios, pero moría libre al fin y al cabo. Todos los diablos piensan que más vale ser libre en el infierno que no ser un siervo en el cielo...

© Daniel Genis Mas
(541 palabras)
Publicado originalmente en catalán en enero de 2004 en la revista Mira'm.