La conquista del espacio - 2
por Manuel Nicolás Cuadrado

Seguro que muchos de ustedes (y yo también) se han preguntado alguna vez a qué viene gastarse tanto dinero en los programas espaciales con los gravísimos problemas sin solucionar que tenemos aquí abajo, en la tierra. En mi opinión y después de pensarlo algo en mi modesta cabeza de hombre de letras, esta teoría de tener primero alicatado el cuarto de baño antes de empezar con el salón para recibir a las visitas es, éticamente válida y políticamente correcta, pero no concuerda con la verdadera naturaleza humana, aquella que es el motor del desarrollo de la tecnología. Siento hablarles de manera tan cínica, pero lo que nos mueve es el egoísmo. Solo hay dos cosas en la historia que permiten y potencian la innovación tecnológica: la guerra y la necesidad de materias primas escasas. Lo cierto es que el actual programa espacial norteamericano se gasta más bien poco en términos comparativos como cuando competía con la CCCP-URSS. Aún entonces, la inversión en la mejora en las condiciones de vida no guardaba ninguna relación con la inversión en la carrera espacial. Por desgracia, son dos cosas que ni antes ni ahora tienen nada que ver en términos fácticos.

Entonces surge la segunda pregunta, acerca de los descubrimientos que se han hecho en el espacio y si estos sirven para algo. Para un científico entregado podrá ser injusto lo que un indocumentado como yo opine, pero me temo que la impresión es que lo que se ha descubierto en el sistema solar hasta ahora son metales corrientes, gases comunes, cráteres inmensos y piedras de andar por casa. Nada nuevo. Ni siquiera hay un miserable planeta con atmósfera parecida a la nuestra. Pues vaya, tanto arroz para tan poco pollo. Otro gallo cantaría si en Io hubiera macizos montañosos recubiertos de diamantes, si en Venus hubiera mares de oro líquido o incluso si en la luna hubiera restos arqueológicos de civilizaciones alienígenas. Entonces sí que veríamos como la inversión en la carrera espacial se elevaría a la enésima potencia, porque seguimos siendo unos materialistas sin remedio. El valor del conocimiento por el enriquecimiento de la raza humana es patrimonio de unos pocos. Al resto o les importa un bledo porque están más preocupados por la clasificación de su equipo de fútbol en la liga o porque, en el otro extremo, no les queda más remedio que pensar en exclusiva sobre qué va a comer su familia.

Y para rematar la jugada, surge otra pregunta, relacionada con los errores que se producen en esa misma tecnología que supuestamente es puntera y que cuestiona la misma esencia del proyecto espacial. Estamos ante el eterno problema de la pescadilla que se muerde la cola: cuanta menos inversión, más errores se producen. Y aunque haya más inversión, no estamos ante una ciencia perfecta. Seguirá habiendo errores y estos producirán catástrofes. ¿Quién recibirá las collejas en el proyecto espacial europeo por escacharrar la nave de exploración de Marte? ¿Cómo han vuelto a ganar por la mano otra vez los americanos? ¿Y que me dices del desastre de la lanzadera americana que explotó con todos sus tripulantes a bordo? ¿Seguro que llegarán vivos los que vayan a Marte allá por el 2030?

Por último, hay que reconocer que sea por el hecho de no tener presupuesto suficiente o por el hecho de salir en la foto por razones de marketing promocional, varios países desarrollados se han co-aligado para llevar proyectos espaciales conjuntos. Con independencia de la buena voluntad de quien los realiza en la práctica, me temo que haría falta una plena convicción primero sobre el entendimiento del proyecto en sí (que al menos a corto y medio plazo requiere una inversión a fondo perdido) y segundo una perfecta coordinación entre los partícipes, de manera que no importe de qué país es el científico más listo y sí importe el hecho de que el ser humano es capaz, con todas sus limitaciones, de lo impensable: viajar, conocer y estudiar el espacio. La última frontera apenas explorada de la humanidad.

Les confieso que soy de esos idiotas que está a favor de la exploración espacial por el mero hecho de que llevamos la curiosidad descubridora en los genes. No puedo encontrar ninguna causa empírica que demuestre la bondad de la conquista del espacio para la mejora de la raza humana. Simplemente me gustaría que fuera así.

© Manuel Nicolás Cuadrado
(728 palabras)