Sobre los relojes y el tiempo
por Carles Quintana i Fernández

Hace unos días, se realizó en la Unión Europea el ya conocido cambio al horario de verano, que está dos horas por encima del solar. Así, el día de solsticio de verano, el sol está exactamente encima de nuestras cabezas a las dos de la tarde. Esta medida, heredera de la gran crisis del petróleo de la década de los setenta, se realiza para ahorrar energía. Pero cada vez se levantan más voces que dudan de estas ventajas.

Ahora se podría hablar de la esclavitud a los relojes a la que estamos sometidos, pero lo importante es que aunque hemos construido cronómetros atómicos con un retraso que se mide en segundos por millón de años y que son independientes de la posición del Sol en el cielo, el ser humano aún está regido por un horario de 24 horas definido por el movimiento de rotación de la Tierra, que tarda ese tiempo en dar una vuelta completa alrededor de su eje.

Y la cuestión es como lo hará la raza humana en el espacio y otros planetas. En el primer caso, parece que no hay ningún problema. Llevamos más de treinta años enviando a gente a la órbita terrestre y a la Luna. Ahí tenemos la EEI (Estación Espacial Internacional), que con sus tres tripulantes da vueltas sobre nuestras cabezas desde el año 2001. Su órbita es más rápida que la de la Tierra, así que se hace de día varias veces al día, valga la redundancia.

La solución es obvia, utilizar exclusivamente el reloj para marcar el tiempo. En la ciencia-ficción, con las naves que están semanas y meses en el espacio, se opta por la misma solución. En estos casos, la única diferencia entre el día y la noche es la variación de la iluminación de los pasillos, o como aparece en varios episodios de la serie Star Trek, el cambio de guardia en el puente.

Estos navíos, al estar aislados del exterior y no disponer de elementos externos de referencia, pueden utilizar el horario que deseen. Es lo mismo que la gente que está días o semanas dentro de una cueva y al salir, no saben exactamente que día es. Ahora bien, ¿qué ocurre en aquellos planetas, que si que tienen un ciclo de día y noche, pero con un período de rotación diferente del terrestre?

En nuestro sistema estelar existe un gran ejemplo, Marte. Su día dura una hora más que el nuestro. ¿Qué se hace en este caso para mantener el sistema terrestre de las 24 horas? Kim Stanley Robinson, en su Trilogía de Marte, optó por inventarse un período muerto denominado lapso marciano. Se trata de que entre las 0:00 y las 0:01, pasan exactamente sesenta minutos. Así, a efectos de reloj, el día dura lo mismo en los dos planetas.

La mayoría de autores de ciencia-ficción que sitúan su acción en planetas, los crean de un tamaño similar a la Tierra, evitando de esta forma el problema horario. Eso es lo que ocurre en Coruscant y Trantor, por poner dos ejemplos bien conocidos. Pero la Vía Láctea es muy grande y es posible que existan mundos inmensos habitables. Ese es el caso del cómic REGRESO A ALFLOLOL de la colección Valerian, de Christin y Mezieres.

Se presenta en él Alflolol, un planeta colonizado por el Imperio Terrestre, donde el día dura todo un mes. El ser humano no puede acostumbrarse a una alternancia día-noche tan lenta. La solución ha sido cubrir las áreas habitadas con grandes cúpulas dentro de las cuales, independientemente de la situación exterior, se experimenta un ciclo inmutable de doce horas de luz y doce de oscuridad.

Ahora se podría hablar de las ciudades orbitales, iluminadas permanentemente por el Sol y que utilizan grandes paneles que se abren y se cierran para reproducir los días y las noches, o de que ocurrirá con las colonias que algún día se establecerán en la Luna, con su período nocturno de dos semanas, pero sólo se tratan de variaciones de posibilidades ya expuestas en líneas anteriores.

Como conclusión, diré que he intentado comentar todos los sistemas que se han pensado para reproducir el ciclo diurno terrestre. Pero, ¿que pasaría en un mundo donde fuera siempre de día? Eso es lo que ocurre en Atolón. Creado por Pascual Enguídanos, se trata de un gran anillo que gira alrededor de un sol, y en cuya cara iluminada siempre es mediodía. ¿Cómo podría aclimatarse el ser humano a esta situación? Dejo la cuestión a la imaginación de los lectores...

© Carles Quintana i Fernández
(758 palabras)