Las ciudades en el futuro
Carles Quintana i Fernández

Desde que a mediados del siglo XIX, hicieron su aparición las grandes fábricas, se inició una migración desde el campo a las ciudades. Esta tendencia se fue agudizando hasta la década de los setenta del siglo pasado, cuando muchas ciudades de todo el mundo estaban rodeadas por barrios para los nuevos pobladores que no cumplían las mínimas condiciones de habitabilidad.

Desde entonces, al menos en América del Norte y Europa Occidental, ha habido una mejora de esa situación, con grandes obras en dichos barrios orbitales, la construcción de zonas verdes donde antes sólo había fábricas, etc. Pero las urbes, aunque más controladamente que antes, continúan desparramándose por llanos y montañas. Y es menester preguntarse que ocurrirá en el futuro.

Durante la primera mitad del siglo XX, la idea predominante era que las ciudades crecerían vertiginosamente hacía el cielo, con grandes rascacielos de kilómetros de altura, comunicados entre ellos mediante grandes puentes y vehículos aéreos parecidos a nuestros helicópteros. En ese monstruo, por supuesto sin zonas verdes, los ricos vivirían arriba, cerca del aire libre, y los pobres, abajo, en las contaminadas profundidades.

La gran película donde se materializó esta idea fue METRÓPOLIS, del director alemán Fritz Lang. Pero es innegable que esa posibilidad caló profundamente en nuestro subconsciente colectivo y se ha repetido una y otra vez a lo largo de la historia. Como ejemplos recientes tenemos la Nueva York del Siglo XXIII de EL QUINTO ELEMENTO y la Mega City, situada en el mismo sitio que la anterior, de JUEZ DREDD.

Relacionado con esto, están los planetas capitales de estados galácticos. Dos son los más conocidos. El primero es Coruscant, capital consecutivamente de la Antigua República, el Imperio Galáctico y la Nueva República. Exceptuando una cordillera y un mar que se han conservado como reservas naturales, todo el mundo es una única ciudad de kilómetros de altura, desde la superficie original del planeta hasta las capas superiores de la troposfera.

Y luego tenemos Trantor, el planeta habitable más cercano al centro de la Vía Láctea, y en consecuencia, capital natural de la Galaxia. A diferencia de Coruscant, con los edificios al aire libre, la mayor urbe del Universo Conocido está cubierta totalmente por una cúpula, que aísla las calles de la infame meteorología que caracteriza el planeta. La única excepción es el Sector Imperial, que incluye el Palacio Imperial, con grandes jardines rodeándolo y el Campus de la Universidad Galáctica.

Aunque en esa ocasión, Isaac Asimov, el escritor estadounidense creador de Trantor, se dejó llevar por el contenido de los pulps americanos de su juventud, donde aparecían las grandes ciudades verticales a las que ya se ha hecho referencia, él tenía otra solución para el problema de donde colocar tanta gente, mucho más acorde con la protección del medio ambiente. La expuso en su novela BÓVEDAS DE ACERO.

En dicha obra, ambientada, como no, en Nueva York, se presenta una sociedad terrestre agorafóbica (terror a los espacios abiertos), que vive encerrada en ciudades subterráneas, aisladas del exterior por una cubierta de acero. De ahí el nombre de la novela. Se supone que se hace para permitir que la superficie de la Tierra, sólo hollada por los robots que allí trabajan, se recupere de los desmanes sufridos durante milenios de actividad humana.

Pero esta idea no es original, sino que posiblemente está basada en algunos estudios japoneses que se han hecho para intentar solucionar el grave problema de la superpoblación en unas islas con mucha montaña y poco llano. Entre las soluciones ofrecidas, se encuentra la de hacer grandes agujeros en la tierra y construir hacia abajo, en forma de rascasuelos. Así se podría acomodar mucha gente en relativamente poco sitio.

Este es el método que adoptó Pascual Enguídanos en LA SAGA DE LOS AZNAR. Allí, después de un conflicto nuclear que ha arrasado las grandes urbes terráqueas, los supervivientes deciden construir bajo tierra. Se invierten las ciudades, que crecen hacia abajo, donde se encuentran centros comerciales, estadios deportivos, etc. A su vez, en la superficie hay grandes parques, donde la gente puede esparcirse en su tiempo libre. Y en medio, una coraza protectora por si hay un nuevo ataque.

Otra solución, ampliamente mencionada en revistas de divulgación donde se intenta adivinar el futuro, en general sin mucho éxito, Es la de edificar a la vez hacía arriba y hacía abajo. Así, habría relativamente pocos edificios, separados por grandes parques, que no destacarían mucho en la superficie.

© Carles Quintana i Fernández
(737 palabras)