Yo no me presento al Minotauro
Francisco José Súñer Iglesias

Durante la pasada Hispacón de Getafe había una pregunta recurrente flotando en el ambiente, los expositores, los ponentes, los conferenciantes, los asistentes y hasta los organizadores se preguntaban los unos a los otros ¿Y tu? ¿Te presentas al Minotauro?

Fue tal la persistencia que hasta se acabaron por hacer chistes del estilo Sí, y mi mujer que le da a eso del realismo fantástico y mi niña de siete años, que acaba de escribir una novela de quinientas páginas sobre las aventuras de la Barbi en Mongo Lo curioso del asunto no era tanto que se preguntara por la cuestión a los muchos escritores reconocidos (que ya se sabe que ser aficionado a la ciencia-ficción es casi como ser escritor de ciencia-ficción) que pululaban por allí, sino que cualquier semoviente, humano o alienígena era interrogado por el extremo.

Al principio me resultaba bastante extraño que todo quisque me preguntara por lo mismo no, yo hace años que no escribo respondía creyendo que el alguien en cuestión se acordaba aún de mis viejos guiones para el Creepy o de alguna otra aventurilla por el estilo. Claro, al cabo del poco tiempo y en vista de tanta insistencia ya me amosqué, y repasando las bases del concurso caí en la cuenta de que el ganador se va a llevar nada menos que 18.000 euros, 22.000 dólares si el cambio sigue como sigue, o para quien todavía no tenga muy claro esto del euro, tres millones de las pesetas aquellas.

Aunque lo había supuesto al leer por primera vez la convocatoria del premio, ya no dudé que todos aquellos que me lo preguntaban, y alguno más que se escurría pegado a las paredes (¿ponente? ¿asistente? ¿alienígena viscoso?) había revuelto el fondo del cajón, desempolvando aquella novela y tras un concienzudo repaso la había enviado a Minotauro para competir por ese montón de moneda fuerte ofrecido de forma tan generosa.

No le arriendo el beneficio a los encargados de hacer la selección inicial, es más que probable que, en pleno frenesí, la autocrítica haya bajado a niveles ridículos y más de un escritor o aprendiz de plumilla habrá llevado a Correos bodrios sobrescritos, o simplemente aburridos, que no pasarán de la lectura de las diez primeras páginas y provocarán mas lástima que reposados análisis críticos

Si cuela, cuela habrá pensado más de uno. Yo no. Alguna novelilla tengo por ahí escondida, esperando que la destruya de una vez, pero también tengo vergüenza torera, y francamente, antes de hacer perder el tiempo a nadie y estar en vilo ante la falsa espectativa de que una mala novela pueda llegar, siquiera, a la lectura del jurado, prefiero quedarme tranquilo y dedicarme a mis labores.

© Francisco José Súñer Iglesias
(452 palabras)