Marte, entre más cerca más lejos
Dixon Acosta

Ahora que se termina el 2003, época de balances y resúmenes, debe destacarse como una de las principales noticias del sistema solar, la visita que le deparó al llamado planeta azul, su vecino de color rojo. Se acercó Marte, no hubo más conflictos o cataclismos, aparte de los habituales, los mismos que siempre se repiten en nuestra historia circular. Se aleja Marte y nos deja con las preguntas de siempre.

El planeta Marte, desde la visión de los ingeniosos humanos ha pasado por muchas etapas, de la mano y la imaginación de nombres como Schaparelli, Percival Lowell, Burroughs, los Welles (H.G y Orson), Bradbury entre otros. Primero fueron los primeros interrogantes (¿Vida? ¿Canales? ¿Civilizaciones? ¿Pirámides? ¿Construcciones?) que se convirtieron en miedo a lo desconocido. Desde que se le bautizó con el nombre del dios mitológico de la guerra, a este objeto sideral se le ha venido asociando con terribles situaciones. Una influencia nefasta proveniente del espacio, que luego se concretaría con el franco terror a las supuestas invasiones rojas (los marcianos eran sospechosamente similares a los marxianos, si se me permite el término, desde la óptica de la guerra fría), pasando por el sueño conquistador del hombre de colonizar otras tierras o Tierras, todo para sucumbir en la burla de aquellos miedos ancestrales, en películas divertidas, personajes simpáticos, hasta el punto que alguien descubrió que mientras las mujeres son de Venus los hombres somos de Marte, y de allí nuestras ancestrales diferencias. El proceso evolutivo: preguntas-temores-sueños-especulaciones-burlas-extrapolaciones, regresa a su primer paso, los interrogantes eternos.

Marte se aproximó mucho más cerca de nuestros hogares terrícolas, si hacemos caso de las medidas humanas, que aseguran que el planeta rojo hace 65.000 años no rondaba nuestro vecindario, proporcionando una diversión ya perdida en nuestras ciudades, salir de noche o madrugada para ver el cielo y poder detectar un punto luminoso, de tenue barniz carmesí. En todo caso, no hemos avanzado mucho en desentrañar sus misterios, poco a poco lo hemos desmitificado, el rostro enigmático que nos hacía pensar en la escultura de un artista alienígena anónimo, no pasó de ser un accidente geográfico, que confirmó nuestra costumbre de ver cosas donde no las hay, como cuando tratamos de descubrir mensajes en las nubes.

Sin embargo, es agradable que permanezca la ilusión y seguir anhelando que algún día, un hombre se encuentre frente a frente con un marciano, así este sea un pequeño microorganismo visto con un lente de aumento.

© Dixon Acosta
(413 palabras)