Neo debe morir
Joaquín Revuelta

Sabía que Neo moriría desde mucho antes de ver MATRIX: REVOLUTIONS. Dejando aparte la secuencia lógica de acontecimientos, y el carácter evidentemente mesiánico de la película que llevaba al protagonista al sacrificio estilo nazareno, lo supe por una cuestión, digamos, tangencial. Antes del estreno ya corrían por Internet varios cortes de su banda sonora original, uno de los cuales era el impresionante Neodammerüng, que en alemán viene a significar El Ocaso de Neo. No había que ser Sam Spade para sumar dos y dos y realizar la deducción correcta.

Así es que entré en la sala cinematográfica sabiendo que nuestro hierático héroe moriría sin remisión.

Me gusta Neo, es uno de esos personajes retorcidamente carismáticos que aparecen de tanto en tanto por nuestras pantallas. Es chulo (aunque conserva una cierta parte de infantil inocencia), viste de cuero negro, usa gafas que te cagas, y jamás tuerce el gesto o se le mueve un pelo. Vamos, un galán a la antigua usanza, tipo Victor Mature o alguien por el estilo. Neo es una vuelta de tuerca hacia el pasado de Hollywood, cuando las estrellas eran estrellas, y no hacía falta que (necesariamente) supieran conmovernos con sus interpretaciones; bastaba con que llenasen la pantalla con su presencia, así el espectador se evadía de horizontes mundanos, soñando con experiencias sujetas a las leyes del universo del celuloide.

Neo ha muerto. ¿O no? El cine ya no es lo que era, y me temo que los Guachoskys no van a matar a la gallina de los huevos de oro tan fácilmente. En realidad, nadie le ha visto morir, sólo tenemos la impresión de que fue así, pero no la seguridad. Las máquinas retiraron su cuerpo, se lo llevaron hacia el interior de ese país de tinieblas en el que moran, una especie de sofisticado Mordor cibernético sobre el que se alza la figura engañosa y omnipresente del Arquitecto. ¿Murió su mente? Es cuestionable. Al fin y al cabo, la verdadera naturaleza de Neo es la de ser un código puente entre los dos mundos, una suerte de algoritmo divino, capaz de codificar y decodificar las realidades de ambas especies. Nada nos indica que esa capacidad, ese programa, esa alma, haya dejado de existir.

Con él mueren todos sus seguidores. Trinity, en primer lugar, María Magadalena del pozo de datos, fiel a Neo hasta el último desenlace, báculo en el que se apoya, puerto en el que se cobija, epítome de la pasión ciega que sólo una mujer enamorada es capaz de expresar… Smith, su antagonista, ese virus tocado por la divinidad del Hombre que se vuelve ambicioso y humano, demasiado humano, hasta el punto de caer en la trampa de las soberbia… Morfeo, que no sucumbe físicamente, pero que es abandonado como un San Pedro sin pautas, sin control, sin razón de ser, sin iglesia que levantar… El pueblo de Sión, enfrentado a la terrible encrucijada de elegir su destino…

Sí, por supuesto, Neo tenía que morir.

© Joaquín Revuelta
(493 palabras)
Publicado originalmente en Niagara calling el 9 de noviembre de 2003