Haloween versus Todos los Santos
Alfonso Merelo

Otro uno de noviembre ha pasado. Y una vez mas nos hemos visto invadidos por las costumbres venidas de mas allá del océano, o sea de Estados unidos de América. Sí, estoy hablando de Halloween, esa fiesta importada que, machaconamente, nos quieren imponer aunque no sepamos qué es ni nos importe.

El culto a los difuntos ha sido muy desarrollado en España durante muchísimo tiempo. El día uno de noviembre es declarado por la Iglesia Católica como día de todos los Santos y el día dos el de los difuntos. La tradición española es variopinta en este tipo de manifestaciones festivo-religiosa. A modo de panorámica podemos ver que el día dos los vivos vistan a los muertos en los cementerios, como forma de una tradición que se mantiene. El resto del año no se visita, pero el día uno y dos es de rigor hacer acto de presencia en los camposantos. Ese día la peregrinación da un aspecto vivo al lugar donde nada más que hay muerte y no existencia, valga la contradicción. El temor a la muerte se disipa cuando es compartido, de ahí que el ambiente festivo y colorido, flores etc, disuelvan ese miedo reverencial.

Todos los Santos es también una fiesta, sobre todo gastronómica. Huesos de Santo, panellets, buñuelos, empanadas en Galicia y dulces de todas clases hacen que este día resulte atractivo al menos gastronómicamente hablando. Supongo que es una manera de alejar los demonios, de hecho nos comemos los huesos de santo que, aunque sean de mazapán, simbólicamente representan el alejamiento de la muerte. Y en Cádiz, la ciudad mas extraña de occidente, se celebra la fiesta de los mercados. Si los norteamericanos se disfrazan de fantasmas, en Cádiz disfrazan a los pollos de granja por poner un ejemplo. Esta fiesta tan particular consiste en decorar los puestos de venta de los mercados de abastos con toda suerte de dioramas o escenas protagonizadas por los productos que se venden. Así se puede ver un estadio olímpico cuyos espectadores son boquerones, un partido de tenis protagonizado por dos cerdos de 200 kilos o una réplica de la catedral realizada con garbanzos. Una tradición que empezó hace muchos años y que se mantiene vigente hasta ahora.

Y otra gran tradición es la representación de Don Juan Tenorio. Un clásico que no tiene absolutamente nada que envidiar a cualquier historia de terror foránea. ¿Freddy Kruger? mucho mas terrorífico es la aparición del Comendador muerto Don Gonzalo de Ulloa (ya saben Los muertos se han de filtrar por las paredes). Y por otra parte dudo que Jason, o cualquiera de los iconos del terror actual, le duraran más de tres segundos al formidable espadachín Don Juan, aunque cayera derrotado por el capitán Centellas.

Y si todo esto lo proporciona nuestra propia cultura: ¿por qué ese afán de importar una costumbre que ni nos va ni nos viene? ¿Por qué en los colegios se hacen este tipo de cosas invitando a los alumnos a disfrazarse?

Afortunadamente para disfrazarnos ya están los carnavales.

© Alfonso Merelo
Huelva, (503 palabras)
Publicado originalmente en memorando el 17 de noviembre de 2003