La religión en la ciencia-ficción
Carles Quintana i Fernàndez

Hace una semanas, durante una conferencia en la XXI Hispacon, que tuvo lugar en Getafe (Madrid), alguien comentó que la civilización occidental se ha desarrollado en medio de una tradición judeo-cristiana que ha tenido una gran influencia en nuestra forma de comportarnos y de ver las cosas. Lógicamente, incluso en estos tiempos donde la religión no tiene la consideración de antaño, eso se nota en lo que escribimos y la ciencia-ficción no es ninguna excepción.

Existen varios ejemplos a favor y en contra en la literatura española. En el primer lado, está la conocida Saga de los Aznar del escritor valenciano Pascual Enguídanos Usach. Como corresponde a cuando fue escrita, el tardofranquismo, la religión cristiana empapa la acción. Así, se consigue una utopía socialista que se define como cristianismo, y al llegar los terrestres al planeta Redención, no falta el sacerdote que bendice el nuevo mundo y los misioneros que convierten a los indígenas.

Un gran representante del segundo tipo es el gaditano Ángel Torres Quesada. Entre sus muchas novelas, se halla LOS SICARIOS DE DIOS, donde no se deja a la Iglesia en muy buen lugar. Eso si, en lugar de criticar la religión en si, censura los abusos de las personas que forman la burocracia eclesiástica. Algo parecido es lo que ocurre en COMO CAÍDO DEL CIELO de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez, donde se alerta de los peligros del integrismo cristiano.

Hasta ahora, sólo he hablado de la religión cristiana, pero lo cierto es que en este planeta hay otras dos grandes religiones monoteístas, que también tienen su papel. Por ejemplo, en MARTE ROJO de Kim Stanley Robinson, se habla de las colonias musulmanas en Marte. Y en EL MARTILLO DE DIOS, de Arthur Clarke, ambientada en el siglo XXII, además del Papa Juan Pablo III, aparece una nueva religión, unión de la cristiana y la musulmana, dirigida por la profetisa Fátima Magdalena.

Sobre el judaísmo propiamente dicho no hay mucho, aunque en algunas ucronías como LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ de Ward Moore y AÑOS DE ARROZ Y SAL de Kim Stanley Robinson, se comenta la existencia de los judíos. Lo que si que sale mencionado varias veces es el estado de Israel. Eso es lo que ocurre en cierta novela de reconstrucción después de un cataclismo nuclear que se titula 1999. GUERRA TEXAS- ISRAEL, así como suena.

Pero si hay una obra donde Israel ha llegado lejos es en LA GRAN CRUZADA de Poul Anderson, la única novela de ciencia-ficción que he leído jamás con caballeros medievales que viajan en naves espaciales. Allí, una expedición del Imperio Israelita localiza a unos humanos descendientes de cruzados del siglo XIV que se embarcaron en un navío extraterrestre y llegaron a crear un verdadero imperio galáctico, Papa propio incluido.

Volviendo al cristianismo, se ha dicho que hay libros donde se ataca a la Iglesia por todo lo que tiene de conservadora y poco adaptada al presente, además de que muchos de sus miembros no siguen demasiado lo predicado por Jesucristo. Pues bien, en Ciencia-Ficcion.com se público por entregas, EXTREMAUNCIÓN, de José María Boto Bravo, donde existe una Iglesia Católica muy renovada, que no sólo se ha mantenido en la Tierra, sino que se ha expandido por otros planetas.

Eso no es lo que ocurre en la historia del futuro de Isaac Asimov, donde la Biblia sólo llega a espectros restringidos de la sociedad espacial, sin pasar de ahí, y en la serie televisiva V. En ella, Diana, la jefa de los invasores, hace asesinar a un religioso que se presenta ante ella con la idea de que le de permiso para predicar en su planeta. Dice que sería una amenaza para la estabilidad de la sociedad de los lagartos.

Y esto es todo lo que hay. Como puede verse, la religión tiene mucha presencia en el género, y es tratada tanto desde un punto de vista positivo como negativo, además de aquellos que se limitan a presentarla como una característica más de la sociedad donde se sitúa la acción.

© Carles Quintana i Fernàndez
(677 palabras)