¿Por qué empezamos?
Francisco José Súñer Iglesias

Acabo de releer EL ENIGMA DEL HALO de B. N. Ball, la que creo fue la primera novela de ciencia-ficción clasificada como tal que me leí en mi vida, y muy predestinado debía estar yo para el género porque lo cierto es que tanto la novela como la traducción eran (son) verdaderamente infames.

Creo recordar que en aquel entonces (tendría yo poco más de diez años) ya me di cuenta de que aquello que leía no podía ser bueno, se mirara como se mirara, pero con todo algo de lo que se relataba me enganchó, y el cuerpo me pidió más, algo ilógico, por otra parte, puesto que la novela se me hizo casi incomprensible, tanto por el desarrollo como por las expresiones traducidas de cualquier manera, lo lógico sería pensar que, como me pasó con el tabaco, jamás me hubiera vuelto a acercar a nada que tuviera la etiqueta de ciencia-ficción.

Pero no, al poco ya andaba yo dándole vueltas a aquellas batallas espaciales y los torpes manejos e intrigas de políticos, consejeros y el resto de bultos sospechosos que pululaban por la novela. ¿Quería más? ¡Por supuesto! Pero tardé años en poder conseguir al fin ciencia-ficción de verdad. Por causas que tampoco tengo muy claras, jamás tuve acceso a las novelas de a duro, si exceptuamos alguna de Luchadores del Espacio ni a las colecciones mas serias de la época. Tuve que conformarme con las películas de la tele y las novelas de Julio Verne de las colecciones juveniles de Bruguera.

Pero aquellos espacios infinitos y las asombrosas aventuras planetarias de unos y otros me cautivaban de tal forma que al fin, cuando dispuse de mi propio dinero, pude dar rienda suelta a mis más bajos instintos y asaltar kioskos y librerías en busca de aquellos horizontes tan cautivadores, hasta el punto en el que llegado cierto momento me obligue a alternar la ciencia-ficción con otras lecturas para no convertirme en un maniaco monotema.

Lo que me sigue asombrando es que haya llegado a donde estoy habiendo empezado por aquella horrible novelita. Supongo que más de un fumador podrá hablarme del tema, pero lo cierto es que a veces los grandes finales no pueden tener peores comienzos.

© Francisco José Súñer Iglesias
(373 palabras)