Poco optimismo
Francisco José Súñer Iglesias

Así, sin pensarlo mucho, me resulta difícil recordar algún título del género en el que se pueda detectar un mínimo de optimismo. La sensación que me da gran parte de la ciencia-ficción es la de negros futuros imperfectos, invasiones extraterrestres arrolladoras y poca o nula esperanza y menos fé en la raza humana.

Todavía en el género de invasiones el final suele venir acompañado por la destrucción total del enemigo y una sugerida reconstrucción en armonía de la civilización (MARTE ATACA, INDEPENDENCE DAY), pero hasta llegar al apoteosis final los protas han tenido que pasar por mil y una calamidades y la amenaza casi cumplida del exterminio y esclavitud de la raza humana.

Del mismo estilo son las novelas post-apocalípticas. En ellas, aunque la causa de todos los males de la humanidad no venga de la mano de codiciosos alienígenas (EL CARTERO, CÁNTICO POR LEIBOWITZ, EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS) se vuelve al mismo esquema de civilización arrasada y se sigue con el penoso medrar de los supervivientes, más o menos organizados y con más o menos ganas de seguir bregando.

Por no hablar de las anti-utopías, con UN MUNDO FELIZ y 1984 como ejemplos paradigmáticos. El agobiante mundo gris y represivo de 1984 tiene su contrapunto en el más luminoso y ordenado de UN MUNDO FELIZ, pero la propuesta de Huxley pasa por una humanidad genéticamente clasista y la venta del alma de la sociedad al diablo para conseguir el bienestar general, a costa de la pérdida del pensamiento individual.

En cierto modo es comprensible que pocos autores, y prácticamente sólo en obras humorísticas, se hayan decidido a dar una visión optimista del futuro que nos espera. Sólo hay que mirar atrás en la historia, o peor aún, leer los periódicos, para saber que el camino hacia un mundo mejor es difícil y, sólo por ello, resulta más sencillo escribir sobre lo mal que nos va a ir.

Parece enorme el esfuerzo por imaginar un futuro apacible, con los inevitables conflictos surgen cuando dos personas no piensan igual, pero en el que se pueden resolver los problemas de una forma más amistosa que a cañonazo limpio, en el que cualquier persona tiene acceso a comodidades básicas y en el que todo fluye con una placidez razonable. Pero creo que entonces se perdería la esencia de la ciencia-ficción. Al no haber un conflicto que resolver o una invasión que rechazar, al no haber nada grande sobre lo que hablar se podría acabar con una obra de costumbrismo futurista entre las manos.

Y francamente, no creo que sea eso lo que hace tan atractiva a la ciencia-ficción.

© Francisco José Súñer Iglesias
(441 palabras)