Proto ciencia-ficción y otros rudimentos
Francisco José Súñer Iglesias

Para mí, que disfruto como un cerdo en el barro leyendo novelitas de esas de las llamadas de a duro, o pulps, como les dicen los estudiosos de más nivel, o space opera, como también se les llama cuando la concurrencia sabe de lo que se habla, o ciencia-ficción de aventuras, cuando hay que explicárselo a los gentiles, para mí, los esfuerzos arqueológicos que hacen ciudadanos de férrea voluntad y muchos estudios para elevar la ciencia-ficción más allá de la literatura escapista y distraída que al cabo es, me resultan más bien estériles y de poco futuro.

Ahora, para evitar que una banda guerrera de ofendidos estudiosos de la literatura se me eche al cuello, tengo que precisar que no puedo incluir dentro de esa categoría los estudios que se afanan en buscar las raíces de la literatura fantástica, o descubrir la influencia en la literatura del desarrollo científico e industrial de los siglos XVIII y XIX. Eso es hablar de Historia de la Literatura, no de pretender buscar raíces profundas en algo que, desde mi punto de vista, no lo tiene.

El problema es que hay mucho aficionado acomplejado que no para en mientes en su afán desmedido de búsqueda de pretextos para la dignificación de su vicio, entre inventarse historias de orígenes ancestrales del género y asimilar al mismo obras que nada tienen que ver con él, se acaba por recorrer unos caminos que en muchos casos llevan a concluir enrevesados paralelismos literarios.

La ciencia-ficción es un género del siglo XX, le puso nombre en los años veinte un señor de Luxemburgo emigrado a Estados Unidos, y su nacimiento real fue el momento en el que un escritor pensó; ¡Ey! ¡Voy a escribir un relato de ciencia-ficción! Hasta ese momento no creo que nadie pretendiera más que contar historias de aventureros avispados y sus máquinas, sin más ánimo de transcendencia futura.

Por otra parte es imposible negar que antes de ese par de instantes estelares en la historia del género hay cientos de ejemplos claros de relatos de ciencia-ficción, fundamentalmente porque Gernsback le pone ese nombre a un tipo de literatura de consumo que en aquel momento empezaba a tener definidos sus patrones estéticos y argumentales, exactamente igual que el western o la novela negra, y que hoy en día están establecidos, definidos e incorporados a nuestra cultura de forma permanente

Pero sinceramente, ir a buscar sus raíces en Talos o en las doncellas mecánicas de oro de Hefestos resulta arriesgado, por no decir que hasta aburrido. De hecho, hubo una época en la que yo mismo lo intenté, pero rastrear huellas inexistentes me hacía perder un tiempo precioso que, sabiamente, decidí reinvertir en mis lecturas favoritas.

© Francisco José Súñer Iglesias
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