Tiempo de paranoia, tiempo desarticulado
José Enrique León Alcalde

Hace poco, oyendo las noticias de Telecinco mientras trabajaba con el ordenador, me llamó la atención una de ellas: los poderosos y sapientes americanos, han creado una página web, donde el internauta podrá hacer apuestas sobre la próximas acciones terroristas que se vaya a producir en el mundo. Los aciertos proporcionarán beneficios monetarios a sus autores. Una facción de los poderes políticos americanos opina que esta actividad puede resultar útil para ellos, ya que así podrán detectar y contrarrestar los próximos movimientos terroristas basándose en las predicciones obtenidas. Otro sector opina que la iniciativa es una solemne estupidez.

Viene esto a cuento, porque mentalmente, y en el momento de oír la noticia, realicé una asociación de ideas entre dicho comunicado y un libro que había escrito Philip K. Dick en 1959 titulado TIEMPO DESARTICULADO.

En este libro de Dick el protagonista, llamado Ragle Gumm, es una persona bastante corriente y anodina que vive de los beneficios que le proporciona el dinero que gana regularmente respondiendo a la pregunta de un concurso periodístico: ¿Dónde estará la próxima vez el hombrecito verde? En el transcurso de la novela, el mundo de Gumm se va desintegrando y transformando paulatinamente en otro que resultará ser el verdadero: Ragle Gumm no vive en 1960 como cree, sino en 1998 y sus respuestas en el concurso periodístico sirven para que las fuerzas de seguridad puedan detectar los próximos movimientos de los rebeldes que conspiran en la Luna.

Como se puede observar, el argumento de TIEMPO DESARTICULADO y la noticia facilitada por Telecinco son muy parecidas en su esencia intrínseca. Efectuando una sustitución de los términos (página web por concurso periodístico y atentados terroristas por conspiradores en la Luna) veremos que la noticia y el libro son la misma cosa. Esto viene a demostrar el poder de predicción que tiene la ciencia ficción. Por otra parte, no me extrañaría que alguna lumbrera del Pentágono haya leído la novela de Dick y tomase la idea de la misma para crear la ingeniosa iniciativa.

Este hecho que comento ahora, aunque de rabiosa actualidad, no es nuevo ni es el único que se ha producido en el mundo de la ciencia ficción. En marzo de 1944, en la revista Astouding, apareció un relato de un autor poco conocido (Cleve Cartmill) titulado TIEMPO LÍMITE. Las especulaciones del autor sobre ciertos detalles de la fisión nuclear, atrajeron la atención del gobierno estadounidense, que quiso saber quién había filtrado secretos de las investigaciones que se efectuaban en ese momento sobre la energía del átomo. El Servicio de Inteligencia Norteamericano (CIA) realizó una visita a John W. Campbell, Jr., editor de la mítica publicación, para averiguar más sobre el asunto. Al final pudo aclararse todo y se supo que Cartmill había obrado de buena fe produciéndose una increíble circunstancia: ¡Cartmill se había adelantado a los hechos en su relato de ciencia- ficción!

En la otra cara de la moneda, se ha achacado a los escritores de ciencia-ficción, que no hayan sabido pronosticar la revolución informática que se ha producido en nuestros días y el advenimiento de la era Internet en la que vivimos inmersos. Esto en realidad no es del todo cierto, ya que Kevin O'Donell en su obra ORA:CLE, ya había imaginado, aunque con muy poco tiempo de diferencia, una Tierra completamente conectada y comunicada por una red global y en la cual la humanidad vive encerrada permanentemente en sus domicilios particulares por temor a los dacs, temibles extraterrestres que quieren borrar a los humanos de la faz del planeta.

La conclusión de lo enunciado hasta ahora es evidente: el dicho la realidad supera a la ficción, es hoy en día más válido que nunca. Esta noticia es una más de las que salpican los noticieros del mundo, pero si nos preocupamos por rastrear un poco en los anales del género, encontraremos más ejemplos de este tipo y corroboraremos nuestras primeras impresiones de que algunos relatos y novelas de ciencia-ficción tienen la virtud de dar en la diana, como Gumm con su hombrecito verde o Cartmill con la energía nuclear.

© José Enrique León Alcalde
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