¿Dónde están los premios, dónde están?
Francisco José Súñer Iglesias

Que una entidad, grupo, editorial o un simple particular opte por premiar la labor de otras entidades, grupos, editoriales o simples particulares es algo que les honra, por un lado en lo que respecta al reconocimiento del esfuerzo que esas entidades, grupos, editoriales o simples particulares han realizado, y por otro por el esfuerzo que supone preparar un premio, con toda la parafernalia de bases, jurados, candidaturas, lecturas, preselecciones, entrega de premios y polémicas posteriores.

Por eso no existen los Premios Sitio de Ciencia-Ficción, sólo pensar en la organización me provoca sudores fríos y estados de ansiedad, porque desde mi punto de vista un premio, para que sea creíble y tenga, y de prestigio, tiene que estar perfectamente organizado, y hoy por hoy no estoy en condiciones de atreverme a organizar tal acontecimiento.

Por eso me asombra la alegría con la que unos y otros se embarcan en aventuras premisticas o premieras, sin plantearse claramente y desde un principio la orientación y el rumbo que debe tomar el premio, si el premio en cuestión va a competir directamente con otros ya bien asentados o va a tener un ámbito bien definido y, sobre todo, sin una buena organización.

Por lo pronto suele resultar bastante desconcertante la nomenclatura que se utiliza para nombrar al premio de turno. En ocasiones se usa un simple ordinal, solución elegante por cuanto no hay duda de que el tres sigue al dos, pero no por ello clara y concisa ya que de unas ediciones a otras la secuencia se pierde, se retrasan números o se saltan de forma ágil y airosa. El ejemplo más claro es el de los Domingo Santos, (recordemos que es un premio que otorga por delegación de la AEFCF la organización de cada HispaCon) resulta francamente complicado, hasta no haberlo aclarado con precisión, saber que edición está en curso, y más cuando al ser un acto dentro de la HispaCon se ha llegado a confundir la numeración de uno y otra.

Otro desconcierto habitual surge cuando la organización opta por poner al nombre del premio el año en el que se entrega o se publicaron los trabajos premiados. Cualquiera de las dos opciones son perfectamente válidas, pero cuando por arte de magia desaparece un año la sensación de haber dado un salto espacio-temporal se hace bastante incómoda. Hace poco ocurrió con los Melocotones de Plata que otorga el grupo AJEC. La primera edición fue la del 2001, y la segunda ¡la del 2003¡Raúl Gonzalvez explicó el salto aduciendo un oportuno cambio de criterio (del año de publicación al año de resolución), si además se da la circunstancia de que la misma entidad también otorga los premios El Melocotón Mecánico el desconcierto es aún mayor para el aficionado poco dado a la información minuciosa y exahustiva.

Esa información procuro darla en el Sitio desde su sección de premios. Durante su elaboración, me doy cuenta de hasta que punto a los organizadores y participantes les importan bien poco el ordinal del premio, y en cierto modo tienen razón, lo importante es el premio por si mismo, no que premio, pero al aficionado de a pie le deja muy confuso tal laberinto de premios y denominaciones.

Desde luego no voy a pedir menos premios, más concentrados y con más prestigio, pero si que los organizadores tengan las ideas claras antes de empezar a repartir dádivas a derecha e izquierda.

© Francisco José Súñer Iglesias
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