Los ataques biológicos
Carles Quintana i Fernàndez

Llevamos varias semanas asistiendo al constante goteo de afectados y muertos por la neumonía asiática, esa enfermedad de reciente aparición que está asolando China. Al menos, esa es la sensación que transmiten los medios de comunicación, aunque como sensatamente señaló un comentarista radiofónico, las cifras de victimas no se separan demasiado de los fallecimientos en las carreteras españolas cualquier fin de semana. Pero nos estamos alejando del tema.

Los primeros días parecía que se convertiría en una pandemia, pero las últimas noticias indican que se ha controlado en todos los países asiáticos en los que se habían presentado casos, excepto en China, dónde parece que no se ha podido establecer una cuarentena eficaz alrededor de las regiones y ciudades afectadas, y el sistema sanitario se ha visto incapaz de frenar el avance de la epidemia. Algún día se acabará, pero es obvio que China habrá quedado debilitada.

En estos momentos, hay quien piensa en una posible conspiración. China se estaba convirtiendo en un rival comercial y tecnológico de Estados Unidos. Esta situación no se puede aceptar, así que se envía allí una enfermedad que les moleste, pero no muy mortal, y que no salga de sus fronteras. Puede parecer difícil, ¿pero no es cierto que excepto Canada, y con pocos afectados, ningún país del primer mundo ha resultado infectado?

Es muy posible que esta hipótesis no sea cierta, pero la verdad es que la ficción contiene muchos casos de ataques de ese tipo. Uno muy representativo es SOY LEYENDA de Richard Matheson. En él, una guerra entre China y Rusia ha provocado la liberación de una enfermedad que ha matado a cientos de millones de personas y convertido a los demás en vampiros. Sólo se salva una persona, el protagonista, representado en el cine por Charlton Heston, que intenta sobrevivir en un mundo hostil.

Si bien la adaptación al cine de la obra anterior es optimista, no es el caso de EL REBAÑO, un cuento de César Mallorquí, contenido en la antología EL CÍRCULO DE JERICÓ. Allí, un país asiático, al perder una guerra, libera una batería de virus mortales, que aniquila toda la población del planeta en poco menos de dos años. Así, la Tierra queda desierta. Y mientras la naturaleza recupera lo que era suyo, el último rastro de civilización es un rebaño de ovejas dirigido por el perro protagonista de la historia. Todo muy triste.

No siempre ha de acabar la humanidad extinta. Así lo demuestra DOCE MONOS. En dicha película ocurre que un fanático religioso, por casualidad investigador de un laboratorio, decide que la humanidad no es digna de vivir. Y no se le ocurre nada mejor que viajar por todo el mundo, repartiendo un germen que mata a tres cuartas partes de la Humanidad. Los supervivientes se ven obligados a recluirse en refugios estancos subterráneos, hasta el día en que consigan un remedio y puedan volver a la superficie.

También hay casos donde la enfermedad consigue ser controlada. Aunque no se trata de una novela de ciencia-ficción, eso es lo que ocurre en ORDEN EJECUTIVA, de Tom Clancy. Allí, la URI (una federación islámica formada por Iraq e Irán) ataca con Ébola varias regiones de Estados Unidos. Se trata de mantener ocupada la superpotencia y que pueda reaccionar cuando el nuevo estado invada Arabia Saudí. Pero el Presidente reacciona cortando las comunicaciones interestatales. Así se impide que la epidemia se expanda, y pronto desaparece.

Volviendo al mundo real, se sabe que existen laboratorios secretos por todo el mundo, que contienen gérmenes de una efectividad expantosa. Durante la Guerra Fría, uno de los escenarios bélicos previstos era una guerra biológica, utilizando viruela, ébola, ántrax, y otras enfermedades que últimamente se han hecho tristamente famosas. Irónicamente, esta preparación ha llevado consigo un gran desarrollo de la investigación que se ha demostrado muy útil para fines pacíficos.

Gracias a Dios, ese conflicto no ha tenido lugar. Pero el peligro de fuga está siempre presente, hace años corrió un rumor que decía que el sida había salido de un laboratorio militar norteamericano, y según los estadounidenses, existe el peligro constante de un atentado bacteriológico. Precisamente, algún día de esta semana tendrá lugar un simulacro de un ataque de ese tipo en dos ciudades de ese pais, para averiguar la preparación de los diferentes servicios.

Como conclusión, y delante de todo este panorama, lo único que se puede decir es que vivimos en el filo de una navaja y que éste es un mundo peligroso. Recemos para que mejoren las cosas.

© Carles Quintana i Fernàndez
(752 palabras)