Bibliofilia y bibliofagia
José Carlos Canalda

Creo que todos los aficionados, a cualquier género o a cualquier cosa, corremos el riesgo de pasar por una etapa de coleccionismo compulsivo, entendiendo como tal el intento de acaparar todo cuando es posible encontrar relativo al objeto de tu afición.

A mí me ha pasado no sólo con la ciencia-ficción, sino también con otros temas objeto de mi interés como los relacionados con la historia de Alcalá de Henares (mi ciudad natal) o con la filatelia, por poner tan sólo dos ejemplos. Cuando me di cuenta de que corría ese peligro procuré dar marcha atrás, porque tampoco tiene ningún sentido excederse. Pero conozco gente que es incapaz de ponerse un límite, lo cual puede ser negativo. lo malo, es que el mercado ¿editorial? no debe de pensar lo mismo, y si no véase cómo en los quioscos no venden ahora ni fascículos ni colecciones de libros en rústica (por no hablar de los extintos tebeos y bolsilibros), sino ¿colecciones? de pipas, pistolas, barcos, trenes, relojes, muñecas, cajas de porcelana y cualquier otra cosa (por supuesto no legible) que se les ocurra a esos genios de la mercadotecnia.

Volviendo a la ciencia ficción, que es lo nuestro, voy a poner un ejemplo: Hay algunos libros antiguos que, por las razones que sean, me interesan. No son todos, sólo algunos y siempre por alguna razón especial personal e intransferible: A lo mejor porque los leí de niño en una biblioteca y guardo buen recuerdo de ellos, a lo mejor porque los asocio con algo en concreto, a lo mejor porque los considero especialmente interesantes... Es normal que tenga interés por conseguirlos, pero sin perder la cabeza, para evitar que algún buitre encarnado en librero de viejo aproveche la ocasión para comerme las entrañas. Hay, por el contrario, quien no se controla, y acaba por efectuar grandes desembolsos en artículos que, objetivamente, no valen ni de lejos el precio que piden por ellos.

Tampoco es cuestión, por supuesto, de acaparar todo. Yo no me he comprado la reedición de Las Islas de Ángel Torres Quesada, editada recientemente por Timun Mas, por una razón bien sencilla: Tengo la edición de Ultramar, y no veo la necesidad de tener libros duplicados. Más problemático es el tema de las antologías, sobre todo cuando ya se posee una parte significativa de los relatos en otras ediciones, y la cosa se complica porque no es lo mismo tenerlas en un libro de edición cuidada (por ejemplo Artifex, El Melocotón Mecánico, Espiral...) que en un voluntarioso pero casi ilegible fanzine. Ahí está la duda: ¿Vale la pena el gasto de 25 euros en un libro del que dispone más del 50% del contenido?

Realmente, no es nada sencillo decidirse. Si los precios fueran razonables, del orden de cinco a diez euros, ni me lo planteo, siempre y cuando obtenga a cambio relatos que aún no he leído, pero a partir de veinte o treinta euros la cuestión es más peliaguda.

© José Carlos Canalda
(493 palabras)