¡Ay, Babilonia!
Iván Olmedo

Acabo de releer EL HOMBRE EN EL CASTILLO, de P. K. Dick, y estoy acojonado. A lo mejor debería volver a leer también 1984 y seguir acojonándome. Pero no creo que me haga falta; con enchufar cada día el televisor a las catorce treinta y echarle un par de ojos a las noticias, mi estómago tiene bastante para revolverse, gracias.

Ucronías, distopías, futuros chungos... ahora más que nunca desearía que los lectores de ciencia ficción, de buena y consistente (consciente) ciencia ficción, no fuésemos solo esa minoría selecta que con cierto regocijo interno nos consideramos, sino una gran masa, la gran masa de la población mundial, inquieta, sabedora de que las cosas no marchan bien en este planeta, revolucionada y revolucionaria, atenta no solo a los acontecimientos que suceden a su alrededor, sino a la inmejorable cualidad que impregna las mejores obras del género: la capacidad especulativa, trasgresora, la capacidad de hacer pensar al lector por sí mismo, superando las ideas del propio autor. Estoy seguro de que leer ciencia ficción expande los horizontes y fuerza el pensamiento propio; estoy seguro de que una sociedad de lectores de ciencia ficción sería una mejor sociedad, y todos los elementos de esa sociedad tendrían una mayor capacidad para, a través de la fantasía, lograr ver lo que palpablemente conforma la realidad de nuestra existencia. Que venga alguien a decirme que los cuentos de ciencia-ficción son tontadas infantiles o historietas insulsas para pasar el rato. Esa persona, la que lo diga, no sabe de qué está hablando; evidentemente, esta opinión la tenemos ya más que superada. Pero seguimos siendo una minoría.

A lo que iba... ucronías, distopías... ¿Alguno de ustedes sabe realmente qué es lo que está sucediendo a nuestro alrededor? Si no fuera porque lo estoy viendo con mis propios ojos día tras día, dentro de cincuenta años me engañarían como a un bebé. De hecho, AHORA MISMO ya me engañan como a un bebé, así que cualquier especulación no es en vano. Dentro de cincuenta años les contarán cualquier cosa, y eso será la HISTORIA... A la sombra de los bárbar... digo... a la sombra de cómo funciona el mundo actualmente, con gran dolor de mi corazón, con un poco de ira interior, poca afortunadamente, debo considerar que todo lo que me han enseñado con los libros de Historia en la mano es más que cuestionable. Seguro que a muchos de ustedes les ha pasado más de una vez: presencian en vivo y en directo el desarrollo de unos sucesos, que les caen más o menos cerca, y al día siguiente la información que aparece en el periódico en forma de crónica se parece tanto a lo que VERDADERAMENTE ha pasado como una pera a un melón. Inmediatamente nos queremos imaginar de qué manera tergiversada nos habrán enchufado el resto de las noticias. Como en Babilonia, aquí no se comunica ni Dios... por cierto, ¿Babilonia no caía más o menos por...? bueno, dejémoslo estar, que me caliento.

En definitiva, esto es lo que tenemos. Por una parte: ¡qué papel tan maravilloso y jugoso ha formado la literatura anticipativa en el desarrollo del siglo pasado! Y por otra, lamentablemente, parece que nos vemos abocados a asumir sin paliativos aquello que advierte que la realidad supera a la ficción. Muy desgraciadamente debo añadir de mi cosecha que la realidad supera a la ficción, sí, pero casi siempre en lo malo, en lo esperpéntico o en lo desagradable. Cuando no en lo directamente trágico e irreversible. El doble pensamiento existe, vaya que si existe; el doble hablar también. Se nos llena tanto la boca de palabras que no se nos entiende nada, y por desgracia esto parece contagioso, para más escarnio. Nuestro aliento lo forma una nube de verdades a medias, mentiras descaradas, patrañas imperiales, abusos de poder verbal... Estamos metidos hasta el cuello en el mundo que algún escritor de ficción, más socio-política que científica, tristemente imaginó. Metiditos hasta las cejas, asfixiados, prisioneros que creen gozar de libertad. Si no pensásemos (de vez en cuando aún pensamos) tanto mejor para los que dirigen, para los que manipulan, para los que compran y venden almas, para los señores de la guerra, para todos... Las Corporaciones, los Imperios, la DICTADURA de las Multinacionales (farmacéuticas, cigarreras, hamburgueseras, armamentísticas... qué más da), la Globalización... todo está dejando a Orwell en mantillas. Perdón por mi manifiesta ignorancia, pero alguna vez creí que nada dejaría a Orwell en mantillas. Ahora he crecido y mis ojos hacen algo más que ver... y, por eso, siento el estómago revuelto la mayoría del tiempo. Yo creo que debe ser eso, qué duda cabe.

¡Ah! Dick... ¡Ah! Orwell... ¡Ah! Huxley... ¡cuan lamentable tener que deciros que os habéis quedado cortos! Pero claro, aunque supísteis de la existencia de un leviatán, de un anticristo, aún no habíais caído en las fauces de un Microsoft...

© Iván Olmedo
(812 palabras)