Más papistas que el Papa
Carlos Alberto Gómez Villafuertes

Me valgo, como título del siguiente comentario, de este popular dicho español, ya que creo ilustra a la perfección cierto fenómeno que sucede, y cada vez más a menudo, entre los aficionados al cine, quizá más específicamente entre los aficionados al cine de Ciencia Ficción.

Dicho fenómeno tiene mucho que ver con la imparable evolución tecnológica en la que estamos inmersos. En concreto, me refiero a la evolución del concepto del audio digital: DD, DTS, 5.1 y alguna otra variante de generador de ruidillos que me dejo en el tintero, ya que empieza a ser complicado aclararse en medio de tan farragoso mundo de siglas.

Las compañías, tanto cinematográficas como de bienes de consumo, están intentando convencernos, y a fe mía que lo están consiguiendo, de que aceptemos el DVD como la panacea universal en todo lo referente al video y al audio, (por lo menos hasta que inventen algo mejor claro); pero curiosamente, se pone un énfasis especial más en el capítulo sonoro que en la propia imagen que, no lo olvidemos, es lo más representativo del séptimo arte. De este modo, es habitual escuchar de labios de los compradores de DVD´s comentarios del tipo de: Vaya porquería. Me he comprado el DVD de (cualquier título a escoger) y resulta que sólo está en mono. ¡Menudo timo!

Personalmente, soy un aficionado al cine más clásico de Ciencia Ficción, aquel en blanco y negro y prácticamente sin ningún tipo de efectos de sonido. A veces, ni tan siquiera, o con muy escasa, música de fondo, y me sentiría bastante mosqueado si un título de los años 50, pongo por caso, apareciese en un magnífico formato de audio DTS con efectos sonoros por doquier y canales múltiples. Tal cosa, sería una degeneración similar a la que se produjo con aquella moda, pasajera como todas las modas y aparentemente ya extinta, de colorear las películas en blanco y negro. ¡Qué horror!

Pero el efecto sucede también con el cine relativamente moderno, de hace 15, 10 o incluso menos años, cuando no existía, o por lo menos no se utilizaba ampliamente, la tecnología para grabar 5 o más canales de audio diferenciados. Si entonces disfrutábamos a placer en el cine y la televisión con aquellas películas en mono, o a lo sumo en estéreo, ¿por qué empeñarnos ahora en esa manía de los múltiples canales de sonido, si lo más probable es que no estuvieran en la copia maestra de la película? Es necesario grabar el sonido en formato digital naturalmente, pero una película de los años 50 grabada en mono, siempre será mono, y debería trabajar con sólo un altavoz, o bien reproducir el mismo sonido por todos los canales, con lo cual la parafernalia del DTS o el 5.1 pierde su significado. Cualquier posterior añadido al original desvirtúa la propia originalidad del film; y ojo que no me refiero a esas escenas inéditas que se quedaron en la sala de montaje, que siempre son bien recibidas, sino simple y llanamente, al sonido que nunca existió.

Ya saben: Más papistas...

Además supongo que puedo hablar con un cierto conocimiento de causa porque yo también tengo uno de esos equipos Home Cinema tan en boga últimamente, para qué engañarnos, y debo reconocer que los títulos modernos tienen un sonido impresionante y que engancha, pero no considero que éste sea motivo suficiente para justificar su compra. En mi caso particular, compro los DVD´s confiando en que el formato sea más duradero que las frágiles cintas de video, y sólo empleo el susodicho Home Cinema con el fin de probar los discos recién adquiridos o para asombrar a las visitas mostrando cómo cae el casquillo de la bala por detrás y a la derecha en MATRIX, o cómo silban las flechas de un lado a otro en la batalla inicial de GLADIATOR. Habitualmente, escucho los DVD´s a través de los altavoces del televisor, y para mí eso ya es más que suficiente.

Por último, reconozcamos que como maravilla tecnológica el DVD y su sonido están muy bien, pero que no intenten convencernos de que sin múltiples canales de sonido no se puede disfrutar del cine en casa. Para eso, lo único imprescindible es una buena película, sea en DVD, en un vetusto VHS, en Beta o tenga el formato de aquellas entrañables bobinas de super 8 con su traca-traca característico; una buena compañía, y el correspondiente contenedor de palomitas, por supuesto. Eso que no falte.

Como siempre, y en el fondo de todo este asunto, no se encuentra más que el afán mercantilista de las compañías cinematográficas y de bienes de consumo: tenga usted lo último y más moderno o será un paria en nuestra modélica sociedad del bienestar. ¿Le suena eso a alguien?

Y ahora que lo pienso, voy a conectar la galena de mi abuelo a la pata de la cama, a ver si así me libro de tanta parafernalia auditiva y superextradigital.

© Carlos Alberto Gómez Villafuertes
(826 palabras)