Arma virumque cano...
Mario Moreno Cortina

En 1508, el entonces comendador de Medina del Campo, Garci Rodríguez de Montalvo, publicó en Zaragoza AMADÍS DE GAULA, un inmenso novelón de caballerías protagonizado por un caballero que vive al servicio del rey Lisuarte de Inglaterra varias generaciones antes de Arturo. La historia no era original, y Garci no intento hacerla pasar por tal. Desde finales del siglo XIII circulaba un AMADÍS DE GAULA en tres tomos en el que Amadís moría al final en una inmensa batalla, a manos de su hijo Esplandián. Garci eliminó la muerte de Amadís, escribió un cuarto libro y añadió una segunda parte, LAS SERGAS DE ESPLANDIÁN, que narra las aventuras del hijo del caballero de Gaula.

El libro gozó de tal difusión y tal éxito que se puede decir sin temor a equivocarse que fue el best-seller del siglo XVI. No sólo en nuestro país, sino en toda Europa, donde conoció multitud de reediciones e imitaciones. En España fundó un género, el de las novelas de caballerías, y una saga literaria, puesto que varios escritores fueron ampliando el árbol genealógico de los Amadises hasta completar 11 novelas.

En aquella época, no era vergonzoso leer sobre caballeros, jayanes (que es como se llamaba a los gigantes), castillos encantados, bellas princesas que rescatar, y misteriosas tierras ignotas. Cuando los castellanos llegamos a América, llevábamos en la mente las nieblas de Gaula, y pusimos a las vastedades del nuevo continente nombres sacados de las novelas de caballerías: California es el nombre de una tierra imaginaria inventada por Garci Rodríguez de Montalvo en las SERGAS. Y era ese mismo libro el que tenían en mente cuando bautizaron Amazonas al rio que remontaban en busca de oro. Jerónimo de Urrea, un capitán de los Tercios de Flandes, y autor de una novela de caballerías titulada CLARISEL DE LAS FLORES, tradujo con gran éxito el gran clásico del Renacimiento italiano, el ORLANDO FURIOSO de Ludovico Ariosto.

Las rancias victorias militares de los Austrias no me provocan ninguna emoción. Al igual que Celaya, doy lo pasado por glorioso, que no por bueno. Pero me gustaría saber que sombra cayó sobre esta tierra, quien nos arrebató durante siglos la capacidad de soñar, para que sólo un siglo después del Amadís, Cervantes pudiera dar cerrojazo al primer género fantástico netamente español. Qué espantosa fiebre de amargura y misantropía infectó al pueblo castellano para renegar de la capacidad de fantasear, es algo que no puedo siquiera imaginar. Durante siglos, los escritores españoles sólo han sido capaces de escribir sobre la miseria, el hambre y la guerra; ni una sombra de nobleza, de fantasía, de capacidad de maravillarse. Aquella gran y última novela de caballerías que fue DON QUIJOTE se lo llevó todo, nos hizo duros y cínicos. El pícaro sustituyó al caballero.

Pero ¿No añoramos aún más amplios horizontes? Entrad en el metro en hora punta y ved que leen los viajeros. Por si alguien no se ha dado cuenta, vuelven los héroes desfacedores de entuertos, los encantadores malvados y las criaturas de las tinieblas, las espadas mágicas y las vírgenes guerreras, y espero que esta vez sea para no irse nunca.

Arma virumque cano...

© Mario Moreno Cortina
(524 palabras)