Ciencia-ficción, ¿frase contradictoria o redundante?
Dixon Acosta

La ciencia-ficción, como palabra compuesta, pareciera encerrar en sí misma una gran contradicción o una redundancia innecesaria, una frase con dos conceptos opuestos o semejantes, dependiendo del lente con el cual se observe o se lea.

La ciencia, siempre será sinónimo de verdad, o por lo menos intentará serlo, ficción en cambio es por antonomasia la mentira, sin ambages ni sonrojos. Pero la historia de la ciencia, está plagada de fraudes, plagios y falsos profetas, mientras la ficción ha elevado a creadores literarios, plásticos o virtuales, como voceros de grandes verdades. Quizás por esto, porque mutuamente se alimentan de certezas e incertidumbres, ciencia y ficción pueden llevarse bien en la literatura, e incluso trascender a manifestaciones audiovisuales como el cine, televisión e Internet. La ciencia-ficción, se convierte así en un tema imprescindible.

Toda esta perorata, para tratar de dar otra definición sobre esta frase, un intento más, aparte de las numerosas, mejor documentadas y más autorizadas descripciones de lo que trata la ciencia-ficción. En mi opinión, la ciencia-ficción, tiene un sentido diferente dependiendo el momento histórico y el escenario geográfico desde el cual se trate de interpretar. De seguro, para los antecesores, no existía tal combinación entre ciencia y ficción, la segunda estaba vinculada con la fantasía en general, con un lazo mucho más cercano a lo mítico o épico de las historias fundacionales de los pueblos. Para los pioneros del género, y a través del siglo pasado, la descripción de este tipo de literatura, estuvo ligada por un lado a la noción de aventura, adelanto técnico, progreso social, ideas no tan extrañas a un fundamento ideológico que podríamos denominar oestecentrista (la perspectiva occidental como predominante). Se habla de ciencia-ficción dura, blanda, intelectual, literatura fantástico técnica, narrativa de anticipación, ópera espacial, para no entrar a hablar sobre la moda cyborg. Muchas variantes del término acuñado por Hugo Gernsbarck, escritor y editor al cual podemos responsabilizar por hacernos hablar tanto sobre el tema.

Considero que de forma global, la ciencia-ficción no puede perder su sentido último, ser una forma de planteamiento de los grandes interrogantes y problemas de la humanidad, como lo fueron en su momento la religión, la filosofía y en general las ciencias sociales. Es hija del humanismo, del mismo que no sólo se dio en el renacimiento europeo, sino en las civilizaciones orientales, ahora que se proscribe lo árabe como dudar de su inteligencia y sensibilidad, cuando el ajedrez, el álgebra y la música, de la cual una colombiana llamada Shakira, guarda alguna raíz. Sin embargo, en este momento y lugar, los hispanoamericanos, los que hablamos y sentimos en español, podemos dar nuestro propio sentido a la ciencia-ficción, mucho más ligada a nuestra problemática contemporánea, a nuestro incierto futuro.

En particular, como género literario, la ciencia-ficción hispanoamericana, puede y debe buscar nuevos temas, diferentes a los creados e impulsados en lugares y tiempos distantes a los nuestros. Se cumpliría con la premisa, vigente en la poesía (recordar que poíesis era sinónimo de creación en general) de escapar al lugar común. También podría tener un efecto sociopolítico, al brindar alternativas de mañana, en un presente convulso y frágil. Volviendo al planteamiento del comienzo, los escritores de ciencia-ficción, cada vez más deberíamos ser unos mentirosos consumados en búsqueda de las grandes verdades.

© Dixon Acosta
Bogotá, (551 palabras)