¿Revistas o catálogos?
Francisco José Súñer Iglesias

La calidad de las revistas especializadas en ciencia-ficción que están al alcance del aficionado español es un tema eternamente debatido; desde la clasificación real de la publicación (que si es fanzin, que si es revista, que si es libro) hasta la calidad de los contenidos, pasando por los acabados y cuidado en la edición.

Y sobre todos ellos, un tema que ciertamente levanta ampollas es el de las reseñas a libros y las puntuaciones que se les adjudica, por no hablar de la desconfianza que producen los elogios desmedidos a los libros que publica la propia editorial

Hace poco, en los foros de Cyberdark, Ignacio Illarregui planteaba estas dos cuestiones respecto a la revista Solaris;

a) Su injusto sistema de puntuación en las críticas

b) La publicidad clara que se hace en ella de los libros que publican.

Sobre el primer punto, le resultaba completamente increíble que, según las calificaciones de Solaris, en España no se publiquen malas novelas de literatura fantástica. Porque raro es el caso de aquella que se puntúa con menos de un 6. ¿Cómo es posible admitir que tienen un criterio definido, asegurando que no hay libro malo, cuando la realidad editorial está llena de altibajos? A la hora de hacer difusión del género es mejor buscar el lado positivo de las cosas y no hacer una crítica destructiva (que es la más fácil). Pero es difícil creer que no hay que juzgar a todos los libros con el mismo rasero; por mucho que se disfrute con una novela de Vampiro no puede recibir la misma o más puntuación que un Stephenson (a pesar de que pueda ser fallido)

Sobre el segundo punto las editoriales tienen todo el derecho a hablar de sus libros en sus revistas, es publicidad perfectamente lícita y sobre todo barata. Sin embargo ningún libro de La Factoría es puntuado por debajo de un 7, y cuando alguno corre el riesgo de no venderse apropiadamente, se tiende a reseñas que abundan en el qué es obviando el cómo es. Especialmente vergonzoso fue el caso de EL HOMBRE COMPLETO, donde no se hizo alusión a que se trata de una traducción Nebulae primera época, y sólo se explica que es bueno y bonito. El fiasco llega cuando se paga y se descubre como es.

Sin contar con la reorientación de los artículos de sus colaboradores, como el caso de la reseña de DARWINIA, de Robert C. Wilson, donde se cambió el buena del manuscrito original por un más contundente excelente, y se añadió la coletilla Quizá su mejor obra hasta ahora a la referencia que el articulista hacia de la novela LOS CRONOLITOS, también de Wilson, lo que dejaba al pobre reseñador en una posición ciertamente delicada, por cuanto era público y notorio que aún no la había leído.

Lo cierto es que si se tiene claro que Solaris es el boletín oficial de La Factoría, sería un poco estúpido sorprenderse de que alabaran los libros que ellos mismos publican, rara me parecería una mala crítica en Gigamesh o en Valis a sus propios libros. El problema es que puede darse la circunstancia de que no quede claramente definida la íntima relación entre revista y editorial, y lo que debería considerarse como simple publicidad se confunda con un comentario serio y objetivo, lo que puede llevar a desengaños y compras frustrantes.

Como receta de la abuela siempre queda recomendar no leer los comentarios que hacen las revistas de sus libros... aunque por esa regla de tres más vale no leer los comentarios de los que edita la competencia, no vaya a ser que todo sea barrer para casa, en lo bueno y en lo malo. Conclusión; no leer revistas con aventuras editoriales paralelas y, si se hace, comprobar que se limitan exclusivamente al ámbito literario, como puedan ser Artifex o PulpMagazine, pero eso no deja de ser una simple reducción al absurdo.

© Francisco José Súñer Iglesias
(650 palabras)