Música y ciencia-ficción
Manuel Nicolás Cuadrado

Música, en griego, musiké (techné), arte de las musas. La primera acepción del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la define como: Melodía, ritmo y armonía combinados.

La historia de la música es rica y variada, casi tan antigüa como el propio hombre. Su origen es desconocido, pero podemos relacionarla con los primeros ritos atávicos de las primeras tribus humanas, en un posible contacto primitivo con el baile (invito al oyente musical a que disfrute en este sentido la obra de Igor Stravinski: La Consagración de la Primavera)

La historia de la música en la ciencia ficción es corta y está casi asimilada a la producción de una música supuestamente apropiada para una película cinematográfica concreta. Dejando el fenómeno de la BSO (banda sonora original) para otra ocasión, me gustaría aventurarme en terrenos más complicados.

¿Existe el músico o la música específica de ciencia ficción?

La respuesta no es sencilla, pero me temo que se podría contestar simplemente que no. Aunque esa negativa tiende a no ser absoluta y me gustaría mostrarles algunos ejemplos sobre ello:

La sinfonía de Los Planetas es una obra de Gustav Holst, compuesta a finales del siglo XIX. Es posible que no sea una obra compuesta específicamente para la ciencia ficción, pero al menos sí es el primer acercamiento serio a plasmar musicalmente el por entonces mejor conocido sistema solar. Consta de 7 piezas (mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Curiosamente obvia la propia Tierra y a Plutón, aunque este último no fue descubierto hasta mucho más tarde de la muerte del compositor. Un ejemplo de la música catalogada como clásica y que, en algunas obras, debería llamarse universal.

Habrá que esperar al menos 70 años para que el fenómeno de la ciencia ficción vuelva a calar en los movimientos musicales, más concretamente en la música contemporánea.

En mi modesta opinión, el primer ejemplo lo encontramos en el Duque Blanco o El Camaleón o más familiarmente conocido por David Bowie. El británico se presentaba ante su público con una pinta estrafalaria, propia de un extraterrestre andrógino y ofrecía un espectáculo en vivo lleno de matices ciencia ficcioneros, acompañado de una banda que se hacía llamar Spiders from Mars. Albumes (entonces fabricados en material de vinilo) como Space Oddity (inspirado más en la llegada del hombre a la tierra que en la película del mismo título), Ziggy Stardust (en donde se creyó que ya era un astronauta bisexual en una epopeya inergaláctica) o Diamond Dogs (según él inspirado en la novela de G.Orwell: 1984), nos dejaron canciones inolvidables y con el adjetivo propio de la ciencia ficción. Pero su carisma de música pop fue perdiendo fuelle a lo largo de los años y se transformó en otra cosa en la que no voy a entrar por respeto a los incondicionales del Duque.

En el terreno del hard rock o más recientemente denominado como heavy metal obtenemos el fenómeno nacido también en los años 70 del gupo Kiss. Sus componentes se nos mostraban maquillados y avituallados como auténticos superhéroes, con sus personalidades metamórficas y sus espectáculos de luz y sonido. Los estadounidenses realmente se lo trabajaban y el ejemplo lo encontramos en sus discos: Destroyer, Love Gun y Dressed to Kill. Siempre han sido honestos con su trabajo y han dejado mella en los numerosos fans que todavía los persiguen, aún en forma de comic propio.

Ya en lo denominado como rock sinfónico tenemos apuntes de ciencia ficción en la ELO (Electric Light Orchestra), Pink Floyd e incluso en alguna canción de Supertramp. Pero sin duda el más conocido en este sentido es Mike Oldfield. Desde la publicación de Tubullar Bells, nos ha dejado siempre alguna composición relacionada con su afición reconocida por la ciencia ficción. Incluso publicó un disco con el título de la novela de A.C.Clark: CÁNTICOS DE LA LEJANA TIERRA. Sin duda como premio a su dedicación, un grupo de astrónomos ha bautizado con su nombre a un cuerpo astral. Asteroide (5656 Oldfield). Sin querer desmerecer tampoco a los incondicionales de este compositor, simplemente opino que su obra en general ofrece claros matices repetitivos e incluso de autoplagio.

Hay que mencionar una especie de boom en los años 80, con grupos como Alan Parsons Proyect (I Robot, Piramyd), Tangerine Dream y músicos de la talla de J.M. Jarré (Oxígeno), Vangelis y Bryan Eno. En ellos se puede observar un interés concreto por la ciencia ficción.

También existen canciones, aunque aisladas, de músicos como Iggy Pop, Alice Cooper, Billy Idol, Depeche Mode, Marilyn Manson y porqué no, Elton John. Pero el fenómeno del músico de ciencia ficción parece que actualmente se ha evaporado de los pentagramas para viajar hacia las estrellas.

El último movimiento musical que parece mostrar signos de vida en este sentido parece originado en la música tecno, o electrónica, mezclada o adaptada al fenómeno de la new wave. El resultado se ha denominado chill out y sin entrar en controversias conceptuales, me parece que el ejemplo más aceptable lo podemos encontrar en la música de Moby con sus dos últimos CDs (el vinilo ha muerto): Play y Moby 18.

Y para terminar, tan solo quisiera hacer un último hincapié en la música española. Canciones como Groenlandia de los Zombies, Divina y La Estatua del Jardín Botánico de Radio Futura y un sinfín de buena música del nostálgico pasado de los años 80 en España, nos revela también que el pasado musical de la ciencia ficción fue mejor acogido que las nuevas tendencias musicales actuales, que parecen estar centradas exclusivamente en el mercado adolescente mundial (y que conste que no tengo nada en contra de los adolescentes, de hecho en mis tiempos fui uno de ellos).

(PD: He dejado deliberadamente fuera de este modesto estudio a los míticos Beatles y a otros músicos que sin duda merecen estar en él. Desde aquí reto a cualquier amante de la música a que complete mi incompleto ensayo.)

© Manuel Nicolás Cuadrado
(991 palabras)