Mierdas del Espacio
Lejano Buitre

TROPAS DEL ESPACIO debe ser casi sin duda la novela de ciencia-ficción más polémica de la historia. Desde luego, Heinlein se apuntó un tanto escribiéndola. Y observen ustedes que no entro en valorar si la novela es buena o mala. Francamente, a estas alturas me importa una mierda. Es polémica precisamente por el debate que generó, genera y sigue generando. En eso es buenísima.

La historia es archiconocida y no hace falta recordarla. Si Heinlein hace o no un discurso fascista, tiene razón o no, etc... me importa otra mierda. Lo que esa novela tiene de interesante es que nos hace pensar. Nos hace discutir. Nos hace plantearnos preguntas. Crea odios enconados y amores apasionados. Personalmente me la habré leído cinco o seis veces. Para aquellos que crean que esta es una experiencia onanista y desprovista de contenido, les comunico que me importa otra mierda más (y van tres) Pero sigue siendo interesante en cada lectura. Sigue dándome que pensar, cosa que muchas novelas más maduras del género o mejor escritas no han conseguido. A veces leo libros como quien compra bolsas de pipas, para pasar un buen rato. Pero que un libro dé que pensar es admirable. Y cosas aparentemente triviales dan mucho que pensar.

Hace ya años que Verhoeven acometió la tarea de trasladar TROPAS DEL ESPACIO al cine. Cuando me enteré de la noticia, pensé: Ya la hemos jodido. Sabía que pasase lo que pasase, no me iba a gustar el resultado. Cuando leemos una novela nos montamos nuestra propia película. En nuestra cabeza hacemos una composición de escenarios, vestuarios y personajes. Yo he llegado a leer novelas poniéndole a los protagonistas la cara de actores conocidos. Y sé por amarga experiencia que la visión de un director no suele coincidir con la mía. Mejor, peor, pero siempre diferente. En aquella época me negué a ir a ver la película de Verhoeven al cine. Meses más tarde la alquilé en vídeo, con resultados que comentaré a continuación. Hace unos pocos meses la emitieron por televisión.

Cometí el error de ver esa película de nuevo, y todo la rabia, ira, estupor y odio que Verhoeven había conseguido provocarme salieron de nuevo a flote. Restos de naufragio. Dejando aparte la visión particular del director, sigo pensando que esa película es una mierda (van cuatro) Es insultante porque rebaja una novela con mucha enjundia, buena o mala, en una película bastante intrascendente que es casi de serie B.

Lo peor es desde luego que Verhoeven, con lo buen director que es (o eso quiero creer), insulta al público como si todos fuesen subnormales. Simplifica el discurso de la novela hasta hacer con él papilla predigerida, luego lo introduce en una imaginería prefabricada que sea visualmente atractiva y perfectamente clara para cualquier espectador, y vende la película como una crítica de la tesis de Heinlein, que tócate los cojones, resume en cuatro líneas al principio de la película.

Manda huevos. Lo que más me cabreó fue la tergiversación. Ya he comentado que no voy a entrar en valorar el discurso de la novela, pero me jode terriblemente que Verhoeven, para defender su tesis, tenga que mentir sobre el discurso de la novela y cambiarla. Porque no la adapta: la falsea deliberadamente para que se adapte a lo que él quiere contar.

Pongamos por caso las escenas del sargento Zim. Zim le da una paliza a un recluta y le rompe un brazo porque sí. Otro se queja de tener que lanzar un cuchillo y Zim le clava la mano contra la pared con él. Esos dos ejemplos son suficientes, aunque hay muchos más que dejo como ejercicio para el lector/espectador si es capaz de aguantar las naúseas.

En la novela no ocurre así. Heinlein es lo bastante sutil, el muy cabrito, para hacer ver que esas cosas se hacen por un motivo, sea equivocado este o no. Zim no le da una paliza a un recluta porque se lo pide el cuerpo; en realidad, quiere demostrar algo y cuando le rompe la muñeca sin querer le pide disculpas. Zim no le clava la mano contra la pared al preguntón del cuchillo porque es un sádico. Zim se molesta en explicarle porqué es necesario que sepa usar un cuchillo, y oh, sorpresa, no le clava nada en ningún sitio. Resumiendo, en la novela Zim no es un sádico. Es un pobre hombre que intenta hacer su trabajo lo mejor que puede, dentro de sus limitaciones, y que es mucho más humano que la caricatura que Verhoeven presenta en pantalla.

Porque claro, Verhoeven tiene que demostrar claramente que la idea de Heinlein es fascista. Eh, chavales, no os vayais a pensar otra cosa. Coño, hay que dejarlo muy claro, así que vamos a poner actores de sonrisa Colgate prototipos de guapitos descerebrados, vamos a ponerles uniformes cuasinazis a los soldados (que se note bien), insertemos anuncios sobre ejecuciones en la tele (en ROBOCOP funcionó de coña), propaganda militar y todo lo demás. Vamos a restregárselo bien por los morros, que vean que son claramente nazis y les lavan el cerebro. Resumiendo, vamos a cambiar el texto original para reforzar esa impresión. Por ejemplo, que el proceso de reclutamiento sea trivial, nada de decirles que lo que van a hacer es jodido, y que tienen que pensarlo muy bien. Sólo falta poner carteles en pantalla que digan: Se busca carne de cañón. Porque eso es lo que Verhoeven usa en su asalto a Klendathu con CNN incluida.

Pero Heinlein es más sutil. Un cabrón sutil con pintas y más vueltas que un ovillo, algo que Verhoeven fue anteriormente, pero a lo que últimamente parece que ha renunciado. Heinlein escribió un libro que da que hablar, aunque sea para mal. Pero Verhoeven ha filmado una película que a mí al menos, me da sólo para vomitar.

© Lejano Buitre
(973 palabras)