Astronautas de agua dulce
Guillem Sánchez

Estaba yo el otro día en la Ciudad Lunar 6, cuando un amigo que allí reside me invitó a dar una vuelta por el sistema en su velero solar. Nada más desplegar el velamen y tomar rumbo a la Tierra, avistamos unas motos espaciales que se aproximaban a toda velocidad. Nosotros, en nuestro lento velero, maniobrábamos con calma, preparando la ceñida cuando de repente las motos viraron bruscamente y se nos acercaron por la popa. Corregimos un poco el rumbo por si acaso, pero cuando estábamos en ello las dichosas motos hicieron otro brusco viraje y describiendo un estrecho semicírculo nos doblaron por la proa. Estuvieron a punto de chocar contra el velamen, pues andaban distraídos entre ellos, haciendo carreras. Al darse cuenta del peligro, en lugar de aminorar o alejarse, volvieron a pasar cerca y gritaron por los transmisores algunas groserías y obscenidades. También, curiosamente, cuando ya se marchaban, oí a uno decir: ¡Y eso que nosotros teníamos la derecha libre!

El problema de estos astronautas de agua dulce es que se creen que porque pueden alquilar a bajo precio una moto espacial, ya saben pilotar. No es que sean tontos (bueno, algunos sí), el problema es que se les permite alquilar naves muy rápidas, potentes y por qué no decirlo, mortíferas, sin tener el más mínimo conocimiento de navegación espacial. Creer que tener la derecha libre significa algo en el espacio es de una ignorancia supina, cuando desde tiempos lejanos la ley de navegación dice claramente:

Entre un motor y un velero, maniobra siempre el primero

Pero que no se crea el lector que escribo contra los astronautas de agua dulce. No, en realidad me parece de lo más comprensible que cualquier tontolahaba alquile un bólido rápido como un cohete, a bajo precio, sin ningún conocimiento de navegación, sin ninguna experiencia previa en el espacio, sin ningún respeto por la seguridad. También me parecería normal que los niños se mataran si les regalasen armas de verdad, que los muertos en carretera fueran muchos más si no hiciera falta ser mayor de edad, sacarse un carnet y además no hubiera vigilancia. El problema, como de costumbre, es que la recientemente aprobada Ley de alquiler de motos espaciales permite que cualquiera, sin conocimientos, sin experiencia, sin madurez alguna, se monte sobre una bala motorizada y se crea el rey del espacio sideral.

Mientras los políticos del parlamento solar sigan haciendo leyes que no sólo no solucionan la tremenda mortalidad de nuestras órbitas en accidentes de moto, sino que conceden licencia para matar a todos esos domingueros, chiquillos y astronautas de agua dulce, seguirá habiendo atropellos, choques, muertes y todo lo que ahora ocurre. ¿Tan difícil resulta entender que por muy pequeña que sea una nave, hay que conocer las normas de navegación? Para navegar en una pequeña motora espacial de veinte futriles de potencia hay que sacarse el título de patrón, pero para correr en una moto, de la mitad de eslora y más de trescientos futriles de potencia no hace falta estudiar las normas, pasar ningún examen ni psicotécnico... Un buque normal de trescientos futriles exigiría el título de capitán. ¿Tanto les cuesta a los políticos darse cuenta que a igual potencia y menor eslora el riesgo es mayor? ¡Haría falta más titulación, no menos! Pero tanto da el peligro y las muertes que haya cada año. Nuestro Legislador lo único que ve es que esas motos son pequeñas y divertidas, así que seguimos sin leyes adecuadas y con un continuo reguero de sangre en nuestras órbitas.

Notas

1.- Todo lo de arriba es una ficción estúpida. Es absurdo pensar que nadie permitiese tripular veloces naves espaciales sin preparación ninguna mientras los muertos se acumulan en los tanatorios. ¿Pero qué ocurre si cambiamos espacio por mar, luna por costa, moto espacial por moto acuática, astronautas por motoristas y futriles por caballos de vapor?

2.- Si aún así piensa alquilar una apest... ejem, una moto acuática, recuerde al menos que los buques de vela siempre, siempre, siempre, tienen preferencia ante los buques a motor y al siguiente que me diga lo de la derecha libre, juro por Magallanes que lo paso por la tajamar.

© Guillem Sánchez
(793 palabras) Créditos