El hombre ante lo desconocido
Ignacio Agulló

La noticia del próximo estreno de SOLARIS me ha hecho acordarme de la ciencia-ficción que tradicionalmente he considerado más pura, más quintaesencial: la que plantea el encuentro del hombre con lo desconocido.

Me refiero a obras en las que el misterio del encuentro con lo desconocido es un ingrediente esencial, y la progresiva indagación del misterio es el eje de la trama. Hay muchas de estas obras, de las que mencionaré tres películas: 2.001, UNA ODISEA DEL ESPACIO (historia de Arthur C. Clarke, dirección de Stanley Kubrick), SOLARIS (historia de Stanislaw Lem, dirección de Andrei Tarkovski) y STAR TREK: LA PELÍCULA (historia de Alan Dean Foster, dirección de Robert Wise). Aparte de ser buenos ejemplos de lo que quiero plantear, las tres están bastante relacionadas entre sí, pues es patente la influencia de la primera película sobre las otras dos.

Sobre todo, me llama la atención la postura artística que requieren estas historias. Cuando se utiliza un gran misterio alrededor del cual gira la historia, y se muestran humanos indagando dicho misterio, es forzoso presentar el resultado de dichas indagaciones. La limitación es que, después de todo, el autor es un hombre como nosotros, y no conoce ninguna verdad oculta ni nada por el estilo. Así pues, cuando llega el momento de mostrar el resultado de las indagaciones del misterio, el autor se enfrenta a un problema artístico. Después de haber utilizado el misterio, de haber prefigurado una revelación estremecedora, de haber despertado la curiosidad del espectador, tiene que mostrar un resultado. Y no dispone de ninguna verdad trascendental que revelar. Tan sólo cuenta con su imaginación.

Carl Sagan (que también escribiría una historia de este tipo, CONTACTO, filmografiada por Robert Zemeckis) cuenta en su libro LA CONEXIÓN CÓSMICA cómo Kubrick y Clarke acudieron a él en busca de ayuda para 2.001. La historia estaba perfectamente definida... salvo por el final. El problema estaba claro. Tras dos largas horas de imágenes iniciáticas, ¿qué se le ofrece al espectador? Las dificultades reseñadas por Sagan son, creo, bastante representativas del problema artístico.

Hay fórmulas para todos los gustos. Dejar el misterio abierto, todo era un sueño, algo viejo en forma nueva, sugerir en vez de enseñar, o una elaborada creación de otra civilización.

En cuanto a mi gusto en particular, no me gusta la fórmula todo era un sueño. Tampoco me gusta una explicación incompleta; si se explica algo, pienso que hay que explicarlo bien o parecerá una chapuza. La fórmula sugerir en vez de enseñar siempre me parece sospechosa de pereza, salvo que no haga falta enseñar para que la historia cuadre. Y en cuanto a enseñar, pues depende mucho de lo que se enseñe; pero al menos en este caso no hay sospechas de falta de capacidad creativa. Tampoco me gusta el final de la película CONTACTO (perdonadme que no lo explique, pero si lo hiciera tendría que poner previamente una barrera anti-spoilers, y prefiero evitarlo). La fórmula de dejar el final abierto me parece aceptable según los casos.

© Ignacio Agulló
(503 palabras)