¿Qué es un clásico?
Francisco José Súñer Iglesias

Una definición que escuché en cierta ocasión a José Luis Garci venía a decir que un clásico es aquella obra que siempre se ve como si fuera la primera vez. No diría yo tanto; hay obras que siempre parecen verse por primera vez porque son tan intranscendentes y vacías de contenido que nada hace que se retengan en la memoria, y existe la posibilidad de su disfrute continuo gracias a que escasamente cinco segundos después de su terminación se han olvidado. Me ha ocurrido con libros, canciones, películas y fundamentalmente con series de televisión.

Un clásico debe ser algo más.

La clasificación de clásico tiene mucho que ver con el cambio de consideración que las obras reciben a lo largo del tiempo. Lo que nace como una obra menor, e incluso como una de esas obras intranscendentes y vacías de contenido, puede llegar a convertirse en un clásico universalmente admirado. Es muy habitual que una obra, hoy día de culto, en su tiempo acabara ignorada y despreciada. En un principio muchos clásicos a los que hoy se les atribuyen una buena cantidad de elevadas cualidades nacieron como meros entretenimientos garbanceros para público no excesivamente culto, como los folletines de Dumas. Si el autor tuvo originalmente intrincados propósitos epistemológicos o metafísicos u ocultaba en su mente oscuros significados especulativos es más que seguro que los vertiera al papel involuntariamente, y nadie se diera cuenta de tan abigarrado significado durante mucho tiempo.

En realidad los garbanceros, a fuerza de ser poco o nada originales y tener la necesidad de dar respuesta a las necesidades del común de a pie, tocan unos pocos temas arquetípicos; amores, celos, odios, traiciones, el típico esquema de chico/a que es rico/poderoso pero se le expulsa al circulo exterior de los pobres/débiles por las malas artes del malo de turno para, al cabo del tiempo y tras largas aventuras, volver a ser rico/poderoso y vengar las maldades del malo o aquel otro de chico conoce chica, algo se interpone entre ambos, esa dificultad se vence, y chico se casa con chica y otros muchos argumentos, basta echar un vistazo a los grandes clásicos de la literatura para comprobar que la gran mayoría, con múltiples variantes, se ajustan a unos pocos esquemas del estilo de los mencionados.

Esos esquemas funcionan siempre, desde el principio de los tiempos. ¿Quieres una tragedia? Haz que todo acabe como el rosario de la aurora, ¿un drama? Haz que acabe bien ¿una comedia? haz que acabe bien y mete chistes por medio. Es normal entonces que una obra construida de esta forma, intemporal en su concepción, sea capaz de sobrevivir a obras más centradas en la actualidad de cada momento, o concebidas es una época para unas mentalidades muy concretas.

Y ahora vuelvo al primer párrafo, ¿qué es necesario para que el clásico transcienda al resto de las obras obras intranscendentes y vacías de contenido junto a las que fue creada y sea conocido y admirado cientos de años después? Ahí entra precisamente el genio creador del autor. Cualquier garbancero puede escribir una historia que asombre y conmueva a sus contemporáneos, sólo un genio es capaz de escribir una obra que asombre y conmueva más allá de su propio tiempo.

© Francisco José Súñer Iglesias
(540 palabras)