El valor de la Ciencia ficción
por Dixon Acosta

Una de las cosas buenas de ir a una feria del libro1, aparte de volver a ver a los viejos amigos con sus conocidas caras y nombres olvidados, es encontrar libros de ciencia ficción a precios cómodos. A diferencia de lo que puede creerse, generalmente una feria del libro, no es un buen sitio para buscar textos baratos, personalmente la veo como una oportunidad para apreciar novedades editoriales, escuchar conferencias de escritores, asistir a eventos como lanzamientos de libros en donde abunde la palabra y el vino gratuitos, pero no para comprar, prefiero escabullirme por las viejas librerías del centro de Bogotá o los mercados de pulgas, en donde de vez en cuando se encuentran pequeñas joyas a precios irrisorios.

El libro en un país como Colombia, a pesar de ser productor editorial importante en hispanoamérica, es cada vez más una mercancia suntuaria, de alto precio, una de las causas que para muchas familias en lugar de ser artículo de primera necesidad sea una rareza costosa, que arroja como resultado la triste realidad de ir olvidando el hábito de la lectura. Sin embargo, la premisa de carestía editorial, no funciona para los libros de ciencia ficción. En efecto, en varios de los pabellones de exposición, pude notar que dentro de las escasas promociones de libros, generalmente habían varios textos de ciencia ficción, o literatura fantástica, refundidos o camuflados entre cuentos infantiles, recetarios de cocina, manuales desactualizados de informática, entre otros.

Ahora bien, para los conocedores y amantes del género de ficción científica y/o fantástico, no deja de ser una buena noticia, la posibilidad de leer literatura de primera línea a precio económico, pero deja otra verdad incontrastable, el poco valor que se le da a la ciencia ficción. En nuestro mundo signado por la globalización (que para alguien es simplemente un nombre sofisticado del nuevo imperialismo), el valor de las cosas se tasa en monedas. Aunque el precio de un libro, con las técnicas actuales de producción, tan alejadas de las prácticas artesanales de Gutemberg, debería ser ínfimo, entra en juego otra variable que suma al final de la factura, la mano de obra, en este caso no manual sino intelectual, la creatividad vertida en unas páginas, con otros ingredientes como tener un prestigio ganado, un nombre reconocido con premios y una larga bibliografía.

En el amplio universo de la literatura, pareciera que los autores que se dedican al difícil trabajo de imaginar el futuro o cambiar el pasado, siguen condenados a ser subvalorados por los críticos y los mercaderes de libros. Es cierto que dentro de nuestro género hay mucha basura, pero como en todo basurero, se encuentran objetos valiosos, verdaderas piezas de alto valor literario, que seguirán siendo apreciados por un ejército silencioso de lectores, frente a la miopía de algunos editores quienes ignoran lo que tienen en sus manos.

1 Me refiero a la reciente XV Feria Internacional del Libro de Bogotá, pero seguramente el argumento es aplicable a todas las ferias de libros programadas en cualquier ciudad de nuestro mundo.

© Dixon Acosta
Bogotá, (506 palabras)