El fútbol y la ciencia ficción
Dixon Acosta

Cada cuatro años sucede un fenómeno universal, único y maravilloso, que extrañamente los científicos (bien sea los astrónomos, físicos, matemáticos o por lo menos los sociólogos) no han resaltado, el mundo sufre una alteración. El planeta cambia de órbita por treinta días, no gira alrededor del sol sino de un pequeño balón de fútbol. De igual manera, sus habitantes (la mayoría de los hombres y cada vez más mujeres) son afectados por una mutación geométrica, cambian todos sus hábitos por estar pendientes de un esférico que recorre caprichosamente un rectángulo de juego, encerrado en otro círculo u óvalo llamado estadio, refugio de miles de risas y lágrimas, mientras los ojos se vuelven cuadrados de tanto estar pendientes del televisor.

El fútbol merecería ser el tema de cualquier argumento de ciencia ficción, porque su columna principal está basada en la ley de lo improbable, los dramas y comedias que genera un partido están ligados a lo imprevisible, este juego escapa a cualquier lógica, todo puede suceder (prueba de ello las eliminaciones de archifavoritos en el actual torneo orbital), de allí su inmensa atracción por las masas. Mucho más un campeonato mundial, porque se convierte en pacífica metáfora de las guerras nacionales, es la oportunidad en que un país pobre puede vencer en franca lid a las potencias y prepotencias del orbe. Colombia, campeón de América y cuarta selección según los listados de la FIFA, no alcanzó a clasificar para el actual mundial (otro ejemplo inesperado), pero el año pasado organizó la Copa América, que de incierta pasó a ser la más exitosa. Durante esta Copa hubo muestras de la relación entre el fútbol y la ciencia ficción:

1) El alienígena.

En primer lugar fue la elección de la mascota, un extraterrestre llamado Amériko. Los creadores del personaje, inspirados en la manga japonesa, diseñaron este muñeco de color turquesa, ojos azules y pelo rojo, gran apasionado del fútbol quien se desplaza a bordo de su Biosat, un balón que realmente es un satélite vivo.

2) Un detalle tecnológico.

Entre la treintena de cámaras de televisión que cubrieron la final celebrada en el Estadio El Campín de Bogotá, se destacaba el coptervisión, un pequeño híbrido entre helicóptero y cámara cinematográfica, interesante artefacto creado por un ingeniero colombiano, quien lo diseñó pensando en la industria del cine. De hecho, el hombre y su invento, residen en Hollywood y la cámara voladora ha sido utilizada en diferentes películas, por las posibilidades que tiene, frente a las cámaras convencionales.

3) Como caído del cielo.

Qué posibilidades existen que a un fotógrafo le caiga un paracaidista del cielo? Imagino que muy pocas, una en un millón, pero esto también sucedió en aquella final. En efecto, cuando se iniciaba el partido, un discípulo de Icaro que no había conseguido boleta para entrar al estadio, decidió que la mejor forma era hacerlo desde el aire. El hombre pretendía aterrizar en la cancha, pero cuando iba en medio de su trayecto, se dio cuenta que el juego había comenzado, así que medio avergonzado decidió virar un poco para caer en la pista atlética, pero calculó mal y terminó encima de un fotógrafo. Afortunadamente el incidente, aparatoso y estruendoso, sólo terminó con unas pocas raspaduras, un gran susto y un ego maltratado.

Ignoro si dentro de cien años, los jugadores de fútbol sean clones genéticamente mejorados para este deporte, y los árbitros robotizados repitan los episodios polémicos en sus memorias digitales, mientras los espectadores en la sala de su hogar, en lugar de televisores tengan hologramas en tercera dimensión, que reproduzcan los estadios en miniatura, es una posibilidad. Lo cierto es que ojalá el campeón del actual mundial Corea-Japón 2002, sea un equipo que hable, piense, sienta y sude en idioma español. Suerte!

© Dixon Acosta
Bogotá, (623 palabras)