E.T. y el director´s cut
por Santiago L. Moreno

Soy enemigo a ultranza de esa aberración moderna llamada director's cut (o cutre, apelativo quizá más adecuado), todos, absolutamente todos, de peor calidad que la versión original, que por cierto, quiera lo que quiera el director, el guionista, el productor, la prima de todos ellos o el mismísimo Seldon, es la verdadera.

La obra, una vez en la calle, toma un valor independiente de su autor y adquiere vida propia. Esto debería valer para literatura, música, pintura y todo tipo de arte que se quiera considerar, pero parece no ser así para el séptimo de ellos. ¿Qué la gente pica en cine (¡eh, joder, la versión íntegra de GRUPO SALVAJE que no le dejaron estrenar a Peckinpah!)?.: es su problema. Consentir eso es igualar el cine a los subproductos musicales de consumo rápido, equipararlo al soma de aquellos adolescentes que gastan su dinero en la última versión remixmasterizadapretteralaúltima de un hit de los años 80. Allá ellos. El mercantilismo atroz es el signo de nuestros días, pero cambiar una obra de arte me parece un intento patético de ganar dinero y nada más.

¿Alguien se imagina que los escritores estuvieran continuamente remozando sus obras, que a Simmons le diera por cambiar los párrafos de HYPERION que le salieran de las barbas porque, yo que sé, su hijo ha tenido un problemilla con la bebida, y decidiera volver a Silenus abstemio (y unos cojones)? Ya intentó algo parecido, pero por lo menos tuvo la vergüenza de titularlo de forma distinta.

Para la Historia, la obra es la primera, que es la que vale. Y los problemas de por qué salió como debía salir son condimentos de esa misma obra, detalles valiosos que suman para valorar el contexto de la época o las condiciones en que la misma se creó. ¿Que el cerillero y el limpiabotas son el mismo? Así fue parido el libro, y sería una injusticia que las generaciones siguientes, algo que ya sucede, leyeran LA COLMENA en segunda versión sin conocer un detalle tan importante de su creación, un error significativo.

Y así todo.

Steven Spielberg es, en mi opinión, el mejor director de las dos pasadas décadas, pero no le perdonaré en la vida que ahora falsee E.T. (porque eso es lo que hace y no otra cosa), una obra que ya pertenece al acervo cultural de la Humanidad. Sin duda, tiene todo el derecho del mundo a hacer lo que quiera con su creación, que para eso le pertenece, pero también tiene el deber de no hacerlo, aún más por las razones que le han movido a perpetrar semejante desatino. Es patético que quien encabezara en su día la cruzada anti Turner, aquella que luchaba por evitar aplicarle colorines a las películas, se escude ahora en la corrección política para masacrar, en virtud de la autocensura, una obra insignia de la ciencia ficción cinematográfica.

Cada uno es libre de gastarse el dinero en lo que quiera, pero yo, para ver sucedáneos, no pago. Lo peor de estos director's cutre es que acaban por fagocitar a la versión original, y lo que no es mas que una oda al pecado capital más en boga en nuestros días (la avaricia), acaba siendo un asesinato al arte verdadero. La suplantación de lo real.

Si Mozart levantara la cabeza, resucitara, y decidiera cambiar una sola nota a La flauta mágica, se le devolvía a la tumba por la fuerza. Si Leonardo decidiera cambiarle la sonrisa a La Gioconda, se le cortaban las manos. ¿Por qué permitir que Spielberg goce de privilegios que a otros genios no se les hubiese permitido?

© Santiago L. Moreno
(602 palabras)