De porqué no vi EL SEÑOR DE LOS ANILLOS (ni lo veré hasta el 2004)
por Francisco José Súñer Iglesias

Mucha gente me ha pedido opinión sobre la versión cinematográfica de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, y el asegurar que no la he visto ni la veré hasta, como mínimo, el 2004, no causa más sorpresa. Se supone que alguien de mi posición debería estar al tanto de toda novedad y todo estreno, y probablemente sería de esta forma si el Sitio se tratara de una iniciativa profesional, pero como no deja de ser la página de un aficionado al género, este aficionado hace aquello que le dictan sus apetencias, y así, el motivo más evidente por el que no he visto EL SEÑOR DE LOS ANILLOS es porque no tengo ningún interés en esa historia.

Hace años (cielos, casi veinte) me leí el libro, no me convenció su desarrollo ni su desenlace, y como toda esta parafernalia de gnomos, magos, enanos, gigantes, elfos y demás fauna boscoso-silvestre me ha sido de siempre bastante indiferente, no le volví a prestar atención.

Pero esta cuestión, con todo, no es la más importante, al fin y al cabo no he tenido ningún empacho disfrutar con películas como SHREK o HARRY POTTER, el motivo de más peso ha sido la absolutamente demencial forma de exhibir esta película en los cines.

Por lo pronto, yo no voy a ver películas sin final, y el fragmento exhibido de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS no tiene final, el final está en una película que se mostrará ¡en el 2003! Cobrar por ver algo incompleto me resulta algo muy cercano a la estafa.

Desde un punto estrictamente cinéfilo es una solemne estupidez dividir en tres partes una película (larguísima, eso si) y pasarla a razón de una parte al año. Si a esto se le añade que la película ya esta completamente rodada y montada la sensación de tomadura de pelo empieza a convertirse en un cosquilleo bastante desagradable, pero cuando se analiza el tema con calma, y se llega a la conclusión de que todo se trata de una monumental operación mercantilista, donde el bombardeo de productos derivados de la película (muñequitos, juegos, y toda esa larga y rentabilísima lista de productos), en la que al aficionado únicamente se le deja el papel de pagano (por pagador) compulsivo y pasivo, se va a prolongar durante tres años, la indignación me resulta casi insoportable.

Una exhibición medianamente honrada hubiera espaciado el pase de las tres partes un mes, dos a lo sumo, no hubiera hecho esperar más de la cuenta al espectador, y se hubiera conformado con los pingues beneficios que durante ese par de meses le hubiera dado la película que, recordemos, es una sola historia. En vez de eso nos vemos enfrentados a la amenaza de un bombardeo cíclico durante tres años, con una por lo demás falsa expectación, por cuanto a estas alturas ya todos los interesados se sabrán de memoria como acaba el culebrón, que al fin y al cabo estamos hablando de una historia que se publicó hace la friolera de sesenta años.

Cuando se publique en DVD (o CD-Video, ya veremos), si que me plantearé ver una película entera. Probablemente será en el verano del 2004, sin prisas y cómodamente apoltronado el salón de mi casa, pero a mi nadie me toma el pelo.

© Francisco José Súñer Iglesias
(545 palabras)